Sobrevivió al abuso de su pareja y ahora apoya a otras latinas a seguir adelante
Foto cortesía de Elvira Herrera. Arte por Acento Story Tank.
Tras experimentar violencia doméstica en carne propia, Elvira Herrera decidió apoyar a trabajadoras agrícolas, ayudándoles a afrontar dificultades y manteniendo sensibilidad cultural.
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Texto por Victoria Valenzuela
Editado y traducido por Rodrigo Cervantes
COACHELLA VALLEY, California — Una noche de 1990 a las 2 de la madrugada, Elvira Herrera recibió la llamada de una campesina llorando. La trabajadora agrícola le dijo a Herrera que estaba con su bebé recién nacido escondiéndose de su marido maltratador detrás de un contenedor de basura.
A la mujer no le permitían tener teléfono, así que usó uno prepago que Herrera le había comprado anteriormente. Según Herrera, el hombre había estado maltratando a su esposa desde que estaba embarazada, por lo que, en ese momento, ella puso en marcha un plan de escape que había ideado con Herrera meses antes. Herrera fue a buscarla y la llevó a una estación de autobuses Greyhound, en donde le compró un boleto a Los Ángeles.
“Podría hablar de muchísimas historias, pero esa es la que realmente me conmovió”, dice Herrera. “Hay otras, pero esa es la que más destaca”.
La campesina de su relato fue una de las muchas latinas, particularmente trabajadoras agrícolas en el sur de California, que sufren de violencia doméstica. Herrera ayuda a otras mujeres fungiendo como promotora, una voluntaria comunitaria que brinda apoyo a mujeres que enfrentan abusos.
Nacida en Tijuana, Herrera ha ayudado a las latinas a conocer sus derechos y a armar sus propios planes de escape, empoderándolas para que puedan abandonar situaciones amenazantes, siempre manteniendo sensibilidad cultural. Ella misma es sobreviviente de violencia doméstica y tuvo que escapar de una relación abusiva y sanar sin ningún tipo de apoyo ni comprensión por parte del sistema.
Ella cuenta que, desde los 18 hasta los 21 años, fue víctima de violencia doméstica y trata de personas por parte de su esposo, con quien también tuvo una hija. Él golpeaba a Herrera y permitía que otros hombres abusaran de ella a cambio de saldar sus deudas de drogas. Esto a veces ocurría con su hija en brazos.
Herrera dice que le tomó años reunir el valor para irse. Cuando finalmente lo hizo, comenzó a padecer de episodios en los que sentía que el corazón le latía muy rápido y que le faltaba el aire. Los médicos, según cuenta, le dijeron que no tenía nada. Uno de ellos incluso la amenazó con internarla en un psiquiátrico, acusándola de estar imaginando cosas. No fue hasta que una enfermera latina le dijo que estaba sufriendo ataques de pánico a causa de un trauma que empezó a comprender.
“Me dijo: ‘No estás loca. Estás reviviendo traumas del pasado”, recuerda Herrera.
Después de eso, Herrera dice que buscó terapia y aprendió más sobre los efectos del trauma. No quería que nadie más experimentara lo que ella había vivido sola, por lo que comenzó a abogar por otros sobrevivientes como promotora, incluso antes de que existiera un término para describir su labor.
“Sea lo que sea que me haya fallado en el pasado, ya sea el sistema, las personas que trabajan en él o lo que sea que me hayan hecho, ahora me aseguro de que no se violen los derechos de otras mujeres”, dijo Herrera.
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Herrera dice que Líderes Campesinas tiene alrededor de 350 promotoras en toda California. Foto cortesía de Elvira Herrera.
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El año pasado, el Capitolio del Estado de California celebró una jornada legislativa de apoyo a las promotoras y que incluyó como organización invitada a Líderes Campesinas, con la cual Herrera ha estado trabajando desde 2013. Herrera dice que Líderes Campesinas tiene alrededor de 350 promotoras en toda California, pero también existen otros grupos. Herrera trabaja principalmente con campesinas en el Valle de Coachella porque sus padres eran trabajadores agrícolas allí.
Herrera dice que en la década de 1980, cuando empezó a trabajar como promotora, no había entrenamiento para este tipo de labor. Pero ahora existen diversos programas en diferentes ciudades y estados, incluyendo Chicago, Nuevo México, California, Minnesota, Colorado y más, los cuales ofrecen capacitación a los voluntarios.
Herrera afirma que las mujeres latinas violentadas pueden enfrentar obstáculos particulares. Tras décadas trabajando con sobrevivientes, se ha dado cuenta de que las principales dificultades para abandonar una relación tóxica radican en la religión y el voto matrimonial de permanecer juntos "hasta que la muerte nos separe", as como en la vergüenza de contárselo a otros y el miedo a llamar a la policía o de que intervinieran agentes de inmigración. Otro problema, añade, es que la mayoría de las víctimas no tienen familia ni red de apoyo en Estados Unidos, lo que las hace sentir que su pareja es la única persona que tienen. De acuerdo con Herrera, incluso algunas de ellas desconfían de las clínicas.
Durante el tiempo que ha trabajado como promotora, Herrera ha realizado labores de acercamiento en las comunidades rurales para ganarse su confianza, lo cual, según ella, es la parte más importante. Junto con otras promotoras, visita los campos al amanecer para dar información sobre violencia doméstica y compartir sus datos de contacto.
“Estamos presentes en la comunidad, en contacto directo con ellos”, dice Herrera. “No esperamos a que vengan a una cita. No esperamos a que vengan a nuestra puerta. No. Vamos a su encuentro, recabamos la información que necesitan y les preguntamos cuáles son sus necesidades para poder satisfacerlas”.
Además, en un remolque, Herrera imparte talleres a las esposas de los trabajadores agrícolas ya que sus maridos se van a trabajar, educándolas sobre la violencia doméstica y brindándoles un espacio para compartir sus inquietudes.
Fue en uno de esos talleres donde conoció a aquella mujer a la que ayudó a escapar de su maltratador en 1990.
Herrera recuerda que, años después de aquel día, encontró una tarjeta que le había dejado esa mujer. En ella, la mujer le decía que había conseguido un trabajo, se pagó sus estudios, compró su propia casa y seguía cuidando de su hijo. La mujer también le dejó a Herrera un cheque por 800 dólares.
“Eso me conmovió muchísimo”, dice Herrera. “Defiendo a estas mujeres porque yo fui como ellas, y no voy a permitir que nadie las menosprecie ni viole sus derechos”.
“Sea lo que sea que me haya fallado en el pasado, ya sea el sistema, las personas que trabajan en él o lo que sea que me hayan hecho, ahora me aseguro de que no se violen los derechos de otras mujeres”,
—Elvira Herrera, promotora
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Victoria Valenzuela es una periodista independiente en California que cubre temas de inmigración, reforma penitenciaria y activismo chicano. Posee una maestría en periodismo especializado —con especialización en justicia social e investigación— por la Universidad del Sur de California. Su trabajo ha sido publicado en medios como Los Angeles Times, The Guardian, BuzzFeed News, The Intercept, Ms. Magazine y Bolts Magazine, entre otros. Anteriormente, colaboró con la NAHJ (Asociación Nacional de Periodistas Hispanos) como pasante y fue miembro de su comité estudiantil; también trabajó en The Marshall Project como pasante de interacción con la audiencia, fue becaria en el programa para reporteros emergentes de ProPublica, participó en el programa Uprising de Just Media y formó parte de la primera cohorte de becarios del Law and Justice Journalism Project.