Enmascarados a la vuelta de la esquina: ante las redadas del ICE, las escuelas recurren a la creatividad para proteger a los jóvenes
Un estudiante observa obras de arte expuestas a lo largo de un pasillo escolar. Los maestros han animado a los alumnos a crear arte de resistencia como una forma de procesar el impacto de las medidas de control migratorio en su comunidad.
“Nuestros estudiantes necesitan saber que estamos aquí para luchar por ellos”, afirma Lorena Reynoso, subdirectora de una escuela en Los Ángeles.
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Por Cora Cervantes, MindSite News. Fotografías de Julie Leopo
Traducida para palabra por: Douglas Gómez Barrueta
Este reportaje fue elaborado por MindSite News, un sitio de noticias sin fines de lucro que informa sobre salud mental y publica un newsletter gratuito. Se realizó en colaboración con CatchLight como parte de su Iniciativa de Reportajes Visuales sobre Salud Mental, de tres años de duración
En junio de 2025, Los Ángeles se convirtió en el epicentro de la campaña de deportaciones de la administración Trump y en la primera ciudad en experimentar un «aumento repentino» de efectivos encargados de hacer cumplir las leyes de inmigración. Agentes de ICE, respaldados por tropas de la Guardia Nacional y, durante un tiempo, por infantes de marina, inundaron la ciudad, especialmente el sur de Los Ángeles, donde más de la mitad de la población habla español y cerca del 40 % nació en el extranjero; para Axel López, estudiante de tercer año de secundaria en esa zona, la amenaza llegó hasta su propio entorno inmediato.
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con La periodista en este trabajo para corroborar
la información relativa a cada una de las personas
cuya identidad se ha mantenido en reserva.
Una tarde de agosto, él y su hermano mayor pasaron en coche por una calle donde miembros de la comunidad se habían congregado con megáfonos, gritando “¡ICE! ¡ICE! ¡ICE!” para alertar a los vecinos que pudieran estar en riesgo. Los hermanos López tocaron la bocina en señal de apoyo y grabaron videos para documentar la escena. Luego, mientras se alejaban, Axel se percató de que una camioneta Durango los seguía. Axel recuerda que uno de los hombres en el vehículo tomó fotos del automóvil de su hermano.
“Se suponía que ellos debían proteger, pero parecía más bien que estaban provocando”, recordó López, quien tenía 16 años en aquel entonces. “Estaba aterrado. Temblaba”.
En los días siguientes, unos hombres enmascarados que llevaban chalecos con la inscripción “policía” siguieron al hermano de Axel hasta su trabajo en una barbería del sur de Los Ángeles, y Axel volvió a ver la camioneta Durango cuando él y su madre se detuvieron en el servicio de ventanilla de un restaurante de comida rápida. “Sentía que iba a vomitar”, reveló. “Le decía a mi mamá: ‘No quiero ir a la escuela’”.
En la escuela, Axel acudió a la subdirectora Lorena Reynoso para contarle que agentes de ICE estaban siguiendo a su familia y que tenía miedo.
“En ese momento me di cuenta de que atendemos a muchas familias que desconocen sus derechos”, señaló Reynoso a MindSite News. “No saben qué pasos seguir. Y tengo que informarme rápidamente, porque siento que también tengo la responsabilidad de proteger a nuestros alumnos. No se trata solo de lo académico, sino también de su bienestar emocional”.
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Con lágrimas en los ojos, Lorena Reynoso volvió a ver un video en redes sociales de la redada migratoria dirigida contra la familia de uno de sus estudiantes. Cuando el alumno le pidió ayuda, ella salió del centro educativo y acudió al lugar de los hechos. "Esto va más allá de lo académico", dijo. "Se trata de ti como ser humano integral".
Mientras Reynoso buscaba recursos, Axel revisaba las redes sociales y se topó con un video de TikTok que pronto se haría viral —y sería cubierto por la televisión local—. Mostraba una escena frenética: agentes de ICE con sus rostros cubiertos intentaban entrar a la fuerza en la barbería donde trabajaba su hermano, mientras activistas les gritaban.
“Veo a mi hermano, y está sujetando las puertas mientras los agentes de ICE intentan abrirlas a la fuerza”, recordó López. Mientras veía el video, el pánico se apoderó de él. “Veo que hay mucha gente afuera. Están gritando. Y mi hermano está adentro. Se veía muy asustado”.
Reynoso preguntó al estudiante cómo podía ayudar. “Me mira con lágrimas en los ojos y me dice: ‘Señorita, ¿puede irse, por favor?’’.
Reynoso lo pensó un momento. Luego, ella y otros miembros del personal de la escuela fueron en auto hasta la barbería y grabaron desde la distancia.
“Mi alumno quería mucho que yo fuera, y yo quería que supieran que su escuela iba a hacer lo que hiciera falta”, recordó Reynoso. “Esto va más allá de lo académico; se trata de ti como persona en su totalidad”.
Con la ayuda de los vecinos, el hermano de Axel y otros miembros de la familia lograron regresar a casa esa noche. Se creó una campaña en GoFundMe para garantizar que la familia pudiera permanecer en casa y pagar el alquiler mientras dejaban de trabajar para esconderse de los agentes de inmigración.
Tras el incidente, Reynoso comprendió que la escuela necesitaba un plan para gestionar diversas contingencias. “¿Qué pasaría si agentes de ICE intentan entrar en el recinto escolar? ¿Qué harían?”, se preguntó.
Colaboró con trabajadores sociales, psicólogos y consejeros escolares del centro para elaborar un plan de seguridad. Otros miembros del personal proporcionaron información legal y distribuyeron tarjetas de “Conoce tus derechos” a las familias que pudieran necesitarlas. Un coordinador de la comunidad escolar diseñó un plan de distribución de alimentos.
La subdirectora Lorena Reynoso viste en la escuela con blusas mexicanas bordadas como un acto de orgullo cultural, parte de un esfuerzo escolar más amplio para contrarrestar la vergüenza y el miedo que pueden generar las medidas de control migratorio.
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Mientras tanto, el miedo y la ansiedad provocados por las tácticas agresivas de los agentes de ICE han provocado una disminución en la asistencia a clases de 7.000 estudiantes. Reynoso ha hablado con muchas familias que consideran abandonar Estados Unidos y con estudiantes que no quieren seguir asistiendo a clases. Ella trabaja para ponerse en contacto con ellos y transmitirles un mensaje sencillo.
“Necesito que nuestros estudiantes sepan que, cada día que faltan, se están perjudicando a sí mismos”, afirma. “Entiendo la preocupación por la seguridad y la reconocemos. Y nuestros estudiantes deben saber que estamos aquí para luchar por ellos”.
La dirección del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles también brindó su pleno apoyo a los estudiantes y al personal inmigrante, reiterando una política de larga data de mantener a los agentes de inmigración fuera de las escuelas del distrito.
“Nuestra responsabilidad es garantizar que cada estudiante se sienta seguro, apoyado y bienvenido en nuestros planteles”, declaró el entonces superintendente Alberto M. Carvalho en un comunicado emitido por el distrito. “Las escuelas deben seguir siendo lugares de estabilidad y sentido de pertenencia, y continuaremos haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para proteger esa promesa para nuestros estudiantes y sus familias”.
(Carvalho renunció en junio de 2026, después de que el FBI realizó una redada en su casa e inició una investigación sobre presuntos actos de corrupción. Algunos articulistas de opinión han sugerido que la investigación tuvo motivaciones políticas, debido a sus fuertes críticas a las políticas migratorias de la administración Trump).
Para Reynoso, también es importante ayudar a fomentar un sentido de orgullo y comunidad; por eso, ella y otros maestros usan prendas bordadas con diseños de los países de origen de sus padres. Ella afirma que hay actores poderosos que “quieren que anden con vergüenza, con culpa por ser negros o de piel morena, culpa por ser indocumentados. Así que parte de nuestra labor ha consistido en cultivar el orgullo cultural”.
Los niños que tienen fuertes vínculos con la cultura de sus padres experimentan beneficios positivos para la salud, entre ellos una mayor autoestima y flexibilidad cognitiva, afirma Joanna Flores, terapeuta matrimonial y familiar autorizada y supervisora clínica en el Child Guidance Center del sur de California. Las investigaciones más recientes respaldan esta afirmación.
“Poder conectar con las raíces es un factor de protección”, afirmó Flores. “Gran parte de lo que enfatizamos en nuestra clínica es la construcción de comunidad; es decir, ayudar realmente a nuestros jóvenes a identificar a personas de su entorno con quienes se sientan conectados, o bien a crear una comunidad dentro de su grupo de amigos, apoyándose en aquello que les importa y les interesa. Además, animamos a los jóvenes a participar en formas de resistencia que sean significativas para ellos”.
Para Dennis Dacarett Galeano, psiquiatra de la UCLA, el hecho de que las comunidades indocumentadas sean objeto de ataques generalizados equivale a una forma de trauma de apego; por ello, la mejor manera de fomentar la sanación es forjar “un sentido de seguridad y pertenencia” y la convicción de que cuentan con una comunidad que los respalda y vela por ellos. “Las personas necesitan sanar en comunidad”, afirma.
Henry Pérez, director ejecutivo de InnerCity Struggle, una organización sin fines de lucro que capacita a estudiantes de secundaria para convertirse en organizadores comunitarios, afirma que la labor de defensa y organización que llevan a cabo constituye, en sí misma, una forma de sanación.
“Hemos buscado deliberadamente crear espacios para que la comunidad se reúna a celebrar su cultura mediante eventos; esto realmente ayuda a nuestra comunidad a convivir y a poner en práctica el ‘espíritu de vecindad’”, indicó Pérez a MindSite News. “Los estudiantes de secundaria con los que trabajamos sin duda han querido responder y alzar la voz”.
Estudiantes de una escuela secundaria del sur de Los Ángeles, donde la matrícula y la asistencia han disminuido en medio de las continuas operaciones de control migratorio en el vecindario circundante.
Para Axel López, al trauma de una situación de gran conflicto le siguieron semanas de un miedo de baja intensidad pero casi constante, mientras la familia permanecía recluida en su hogar. “Es agotador estar encerrado en casa. Tienes muchísimas ganas de salir, pero te aterra pensar que agentes de ICE puedan estar afuera”. Él y otros inmigrantes vulnerables viven en un estado de alerta permanente, preocupados por lo que pueda suceder a continuación; y eso, señala Tatiana Londoño, de la UCLA, pasa factura.
“Si te mantienes constantemente en un estado de hipervigilancia, no sabrás cómo salir de él”, afirmó Londoño, profesora adjunta de Bienestar Social en la Escuela de Asuntos Públicos Luskin. “Llega un momento en que eso simplemente se convierte en tu nueva normalidad”.
Tatiana Londoño, profesora adjunta del Departamento de Bienestar Social de la Escuela de Trabajo Social Luskin de UCLA, en el campus de Los Ángeles. Su investigación explora cómo los jóvenes y las familias inmigrantes latinos afrontan las experiencias de detención, deportación y separación familiar.
Investigaciones científicas indican que mantenerse habitualmente en este estado de activación puede provocar niveles elevados de cortisol circulando de forma crónica en el organismo, lo que aumenta la reactividad y el riesgo de sufrir depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático, así como enfermedades cardiovasculares y una disminución del sistema inmune.
Este tipo de estrés no solo afecta a las personas que tienen interacciones directas con los agentes de ICE, sino que puede someter a toda una comunidad a una situación de estrés, afirma Dennis Galeano, psiquiatra de UCLA. “Aunque no se haya vivido un incidente traumático concreto, muchos de estos síntomas pueden derivar del estrés crónico que todos padecen”, señaló.
Y en el caso de los adolescentes, añade Galeano, este tipo de trauma vicario puede obstaculizar el desarrollo emocional y la formación de la identidad, además de alterar su capacidad para regular las emociones.
Por muy traumática que fuera la experiencia que sufrió, Axel López también descubrió que la gente estaba dispuesta a apoyar a sus vecinos inmigrantes. El antiguo jefe de su padre pasó a dejar dinero. Organizaciones sin fines de lucro proporcionaron alimentos. Organizaciones jurídicas ofrecieron asistencia.
“Casi todas las personas que conocían a mi hermano hicieron una donación a través de GoFundMe”, contó López. “Estábamos profundamente agradecidos por todo, por todas las donaciones”.
En conjunto, las donaciones cubrieron el alquiler de la familia durante seis meses, brindándoles cierto alivio y una sensación de seguridad limitada. Sin embargo, un año después de que la administración Trump iniciara una serie de redadas migratorias militarizadas en Los Ángeles, la campaña de deportaciones se está intensificando nuevamente. Y familias como la de Axel siguen bajo amenaza.
Esta es la tercera historia de una serie de tres partes. También puedes leer:
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Cora Cervantes es una periodista independiente radicada en Los Ángeles. Su trabajo ha sido publicado en NBC News, MSNBC, Latino USA, Al Jazeera y palabra de la NAHJ.
Julie Leopo es una fotorreportera galardonada, basada en California, que explora temas de cultura, política, identidad y justicia social. Le apasiona visibilizar las historias de las comunidades biculturales y bilingües a través de la fotografía. Además, Leopo enseña periodismo fotográfico en la Universidad Chapman.