Con sus 3 años intenta sobrellevar la ausencia de su papi: niños víctimas del asedio migratorio de ICE
Jazmín Carino mece a su hijo, Carlos, en un parque de Los Ángeles. Su esposo regresó forzosamente a Ciudad de México tras pasar cinco meses en un centro de detención del ICE en el Valle Central de California.
Cuando ICE se lleva a uno de los padres, el mundo de un niño se derrumba. Las consecuencias a largo plazo incluyen depresión, ansiedad y trastorno por estrés postraumático.
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Por Cora Cervantes, MindSite News. Fotografías de Julie Leopo
Traducida para palabra por: Douglas Gómez Barrueta
Este reportaje fue elaborado por MindSite News, un sitio de noticias sin fines de lucro que informa sobre salud mental y publica un newsletter gratuito. Se realizó en colaboración con CatchLight como parte de su Iniciativa de Reportajes Visuales sobre Salud Mental, de tres años de duración
Cuando el padre de Carlos Carino*, un niño en edad preescolar, fue detenido en Los Ángeles en septiembre de 2025 por agentes de ICE y trasladado a un centro de detención en el Valle Central de California, los cambios en Carlos se hicieron evidentes de inmediato.
Se negaba a participar en las actividades grupales en el preescolar. Lloraba con frecuencia tanto en la escuela como en casa. Y empezó a llamar a todo el mundo “papi”.
Durante seis meses, la familia sobrellevó la separación mientras luchaba en los tribunales por lograr la libertad del padre de Carlos, Miguel Carino*. Tenían motivos para albergar esperanzas, o eso creían.
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Carlos es como uno de cada cinco niños en California: vive en una familia de estatus migratorio mixto en la que al menos un miembro es indocumentado; en todo el país, existen unos 4,7 millones de hogares de este tipo. Mientras estas familias enfrentan medidas agresivas de control migratorio, la detención de uno de los padres puede sumirlas en múltiples niveles de trauma, azotadas por acontecimientos que escapan a su control.
Las consecuencias son graves: un informe elaborado por seis psiquiatras y publicado en Psychiatric News señaló que la separación prolongada entre los niños y sus padres inmigrantes “puede afectar la seguridad del vínculo afectivo y aumentar la vulnerabilidad de los niños a la ansiedad, la depresión y los problemas de conducta”.
El padre de Carlos llevaba casi 25 años viviendo en Los Ángeles, era dueño de una pequeña empresa de construcción en su barrio de East Los Ángeles y empleaba a otros trabajadores. Jazmín, su esposa desde hace cinco años, es ciudadana estadounidense, y Miguel había solicitado un "ajuste de estatus" basado en su matrimonio. Sin embargo, fue detenido durante lo que sus abogados suponían que sería una cita de rutina ante el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS por sus siglas en inglés).
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Jazmin Carino has taken on additional housekeeping work to support her family since her husband's detention and subsequent self-deportation.
Jazmín, de 24 años, intentaba mantener unida a la familia mientras tomaba turnos extra de limpieza doméstica. Ella y Carlos comenzaron a hacer el viaje de ida y vuelta de cinco horas al Valle Central dos veces al mes. Sin embargo, las visitas eran dolorosas y angustiaban a Carlitos.
“No podíamos tomarnos de la mano, no podíamos levantarnos de nuestros asientos”, recordó Jazmín. “Cuando llegó el momento de despedirse, mi hijo no quería soltarlo”.
Pero, al cabo de un tiempo, incluso esas visitas limitadas parecían ayudar a Carlos. Una mañana, llegó al preescolar con un gorro tejido a mano que su papá le había hecho.
Jazmin touches her son's hand-knit beanie — a gift his father made for him while in immigration detention. His preschool teacher noticed Carlos was "happier than he had been" on the days he wore it.
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“Lo llevó puesto todo el día y se le veía más feliz que nunca”, recordó Ana Soto*, asistente de educación inicial en el preescolar. El niño usaba diariamente el gorro tejido, como si llevara consigo una parte de su papá.
“Un día le dije: ‘Papi, ven aquí’”, contó Soto. “Él me miró y me dijo: ‘Yo no soy papi, soy Carlos’”. Para Soto, eso supuso un signo de mayor seguridad.
Pero en marzo, ante la perspectiva de su probable deportación y agotado por las condiciones brutales del centro de detención, Miguel decidió irse a Tijuana, México. Jazmín trató de sobrellevar la situación y llevó a Carlos a visitarlo en Tijuana. En abril, Miguel se trasladó más al sur, a Ciudad de México, para buscar trabajo y poder mantenerse. Ciudad de México queda muy lejos y la familia no tiene recursos para viajar en avión hasta allá.
Carlos lleva tres meses sin ver a su padre en persona y no está claro cuándo volverá a verlo. Ahora la familia debe intentar mantenerse en contacto mediante videollamadas y llamadas telefónicas, mientras la confianza y la tranquilidad de Carlos vuelven a desvanecerse.
Cuando apartan a uno de los padres, el mundo de un niño se derrumba. La separación forzosa de los miembros de la familia puede provocar una desregulación emocional y agudizar las inseguridades del niño, afirmó Tatiana Londoño, profesora adjunta de Bienestar Social en la Escuela Luskin de Asuntos Públicos de la UCLA. Su trabajo analiza cómo los inmigrantes latinos enfrentan y se adaptan a la detención, la deportación y la separación familiar.
“Incluso una pequeña separación de los padres, por breve que sea, puede afectar al bienestar y al desarrollo de ese niño”, afirmó Londoño. “Se deja una huella a largo plazo, que podría extenderse a varias generaciones en estas familias”.
Los niños aprenden que uno de sus padres -la persona en quien más confían- “ya no es mi base segura”, explicó Londoño. “Aprenden que nadie puede ser seguro para ellos. Es posible que tengan problemas en sus relaciones futuras o que no sean capaces de distinguir entre una relación sana de una que no lo es”.
Los estudios revelan que la exposición a medidas migratorias severas y la separación de uno de sus cuidadores principales constituyen una forma de "estrés tóxico" que aumenta los riesgos de enfermedades físicas y mentales en el futuro. Dichos riesgos se agravan cuando se suman a una "exposición previa a la violencia, la pobreza y la pérdida de familiares en los países de origen", según el informe de Psychiatric News.
Un estudio de 2022 publicado en el Journal of Policy Analysis and Management analizó cómo se vieron afectados los hijos de inmigrantes residentes cerca de Morristown, Tennessee, durante el año posterior a una redada migratoria masiva en esa comunidad. Los investigadores observaron “un aumento sustancial de las ausencias escolares durante el mes de la redada, así como incrementos significativos en las medidas disciplinarias de carácter excluyente y en los diagnósticos de trastorno por consumo de sustancias, depresión, autolesiones, intentos o ideación suicida y abuso sexual”.
“Incluso una pequeña separación de los padres, por breve que sea, puede afectar al bienestar y al desarrollo de ese niño”, afirmó Londoño. “Se deja una huella a largo plazo, que podría extenderse a varias generaciones en estas familias”.
— Tatiana Londoño, profesora adjunta de Bienestar Social en la Escuela Luskin de Asuntos Públicos de la UCLA
Otro estudio, publicado en 2020 en el Journal of Traumatic Stress, analizó a 458 niños y adolescentes migrantes atendidos en clínicas de salud mental y reveló que al 43 % se le diagnosticó trastorno de estrés postraumático y al 24 %, depresión. De ellos, casi la mitad -el 49 %- manifestó presentar tres o más conductas problemáticas, que iban desde dificultades académicas, faltas a clase o problemas de comportamiento en la escuela hasta el consumo de sustancias, pensamientos o intentos de suicidio, o agresividad física hacia los demás.
En un artículo de opinión publicado en marzo en el New England Journal of Medicine, un equipo de médicos e investigadores señaló: “Para los médicos, los especialistas en salud mental y los profesionales de la salud pública, la evidencia es inequívoca: separar a los padres y cuidadores de los niños provoca un trauma, impulsado por políticas públicas, que puede evitarse; y tiene consecuencias a largo plazo para la salud y el desarrollo infantil. La separación no es simplemente estresante para los niños pequeños: es tóxica”.
El problema se agrava porque justo cuando las redadas de ICE están causando traumas, la administración Trump está recortando la asistencia alimentaria y otros servicios que ayudan a las familias en situación de vulnerabilidad.
Londoño y otros defensores instan al estado de California a ayudar a cubrir este vacío con el aumento de la financiación de las organizaciones que trabajan para satisfacer las necesidades básicas de las familias inmigrantes, a fin de que los padres puedan estar “emocionalmente disponibles para sus hijos”.
Jazmín acompaña a Carlos a casa después de su programa de educación infantil en Los Ángeles. Desde que su esposo se marchó, ella cuenta con el apoyo de su familia y de la comunidad para cuidar a su hijo.
Jazmín sabe que su familia no es la única en esa situación. Ella ha visto a otras familias llegadas desde lugares tan lejanos como Florida esperando para visitar a sus cónyuges en el vestíbulo de Central Valley Annex, el enorme centro de detención gestionado para ICE por GEO Group, una empresa privada de prisiones.
“Recuerdo a una mujer con seis hijos, entre ellos uno con autismo y un recién nacido”, contó Jazmín. “Vi a recién nacidos llegados de otros estados que visitaban a sus padres y eran sostenidos por ellos en brazos por primera vez”.
Carino espera poder traer algún día a su esposo de vuelta a Estados Unidos y reunir a su familia. Por ahora, sin embargo, se centra en la supervivencia económica y en mitigar el impacto emocional en Carlos, quien cumplió tres años en mayo.
En su preescolar le organizaron una fiesta y la familia celebró mediante una videollamada con Miguel, que estaba en Ciudad de México. Para su madre, fue una sensación agridulce: era el primer cumpleaños de Carlitos sin su papi.
Esta es la primera historia de una serie de tres partes. También podrás leer:
2-“No puedo concentrarme en mis tareas”: una estudiante de secundaria vive angustiada ante la posibilidad de que detengan a sus padres mientras ella está en clase
3- Enmascarados a la vuelta de la esquina: Ante las redadas del ICE, las escuelas recurren a la creatividad para proteger a los jóvenes
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Cora Cervantes es una periodista independiente radicada en Los Ángeles. Su trabajo ha sido publicado en NBC News, MSNBC, Latino USA, Al Jazeera y palabra de la NAHJ.
Julie Leopo es una fotorreportera galardonada, basada en California, que explora temas de cultura, política, identidad y justicia social. Le apasiona visibilizar las historias de las comunidades biculturales y bilingües a través de la fotografía. Además, Leopo enseña periodismo fotográfico en la Universidad Chapman.