“No puedo concentrarme en mis tareas”: una estudiante de secundaria vive angustiada ante la posibilidad de que detengan a sus padres mientras ella está en clase

 

Unos estudiantes descansan durante una clase de arte en una escuela secundaria del sur de Los Ángeles. Desde el verano pasado, la escuela ha desarrollado programas para fomentar el orgullo cultural y una sensación de seguridad en medio de la creciente aplicación de las leyes de inmigración.

 

Mientras Trump y la Corte Suprema desmantelan el sistema que protegía a millones de familias inmigrantes que huyeron del peligro, los niños se preguntan: ¿Seremos los siguientes?






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Por Cora Cervantes, MindSite News. Fotografías de Julie Leopo

Traducida para palabra por: Douglas Gómez Barrueta

Este reportaje fue elaborado por MindSite News, un sitio de noticias sin fines de lucro que informa sobre salud mental y publica un newsletter gratuito. Se realizó en colaboración con CatchLight como parte de su Iniciativa de Reportajes Visuales sobre Salud Mental, de tres años de duración

Cursar el décimo grado ya es bastante difícil, pero Janet González*, de 16 años, residente de San Bernardino y ciudadana estadounidense, tiene muchas más preocupaciones que la geometría y la biología. Teme que a ella y a sus tres hermanos los separen de sus padres. Su papá, Marcos, es un obrero de la construcción de 50 años de edad que huyó de la violencia de El Salvador y ha vivido 25 años en Estados Unidos.

Marcos obtuvo un permiso de trabajo y protección humanitaria contra la deportación al recibir el Estatus de Protección Temporal (TPS), un programa establecido por el Congreso de Estados Unidos en 1990 para brindar alivio frente a la deportación y permisos de trabajo a migrantes que no pueden regresar de manera segura a sus países de origen. La administración Trump, tanto en su primer como en su segundo mandato, ha impulsado la eliminación del programa.

El 25 de junio, la mayoría conservadora de la Corte Suprema dictaminó por 6 votos a favor y 3 en contra que la administración Trump puede poner fin al TPS para los inmigrantes de Haití y Siria, lo que podría allanar el camino para que el gobierno retire las protecciones a un grupo más amplio de 1,3 millones de personas, entre ellas Marcos. Él y otros 170.000 salvadoreños podrían perder su estatus de protección tan pronto como el 9 de septiembre, y la incertidumbre de su situación afecta a toda la familia.


Los nombres marcados con un asterisco (*)

en este reportaje han sido modificados

para proteger la identidad de las personas descritas.

Un verificador de datos y un editor han colaborado

con La periodista en este trabajo para corroborar

la información relativa a cada una de las personas

cuya identidad se ha mantenido en reserva.


“A veces estoy en la escuela y no puedo concentrarme en mis tareas porque pienso en mis padres y me pregunto si siguen en casa o si se los han llevado”, dice Janet. Su familia ha empezado a hablar de su “plan B” si son obligados a separarse.

Los estudiantes de todo Los Ángeles - el segundo distrito escolar más grande del país- comparten estas mismas preocupaciones. El pasado mes de noviembre, el distrito informó que la asistencia cayó en unas 7.000 personas más de lo previsto, porque familias inmigrantes se quedaron en casa y se inscribieron menos migrantes recién llegados. Las cifras actuales de matrícula del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles muestran un descenso de 4 % para el ciclo escolar 2025-26 con respecto al año anterior.

Pero incluso aquellos estudiantes que permanecen en la escuela pueden no estar plenamente presentes o ser incapaces de concentrarse. Investigaciones previas han revelado que, en las zonas donde se llevaron a cabo redadas migratorias y otras medidas de control, el rendimiento académico declinó y aumentaron las tasas de trastorno de estrés postraumático, así como la ansiedad y la depresión.

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Los estudiantes de todo Los Ángeles - el segundo distrito escolar más grande del país- comparten estas mismas preocupaciones. El pasado mes de noviembre, el distrito informó que la asistencia cayó en unas 7.000 personas más de lo previsto, porque familias inmigrantes se quedaron en casa y se inscribieron menos migrantes recién llegados. Las cifras actuales de matrícula del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles muestran un descenso de 4 % para el ciclo escolar 2025-26 con respecto al año anterior.

Pero incluso aquellos estudiantes que permanecen en la escuela pueden no estar plenamente presentes o ser incapaces de concentrarse. Investigaciones previas han revelado que, en las zonas donde se llevaron a cabo redadas migratorias y otras medidas de control, el rendimiento académico declinó y aumentaron las tasas de trastorno de estrés postraumático, así como la ansiedad y la depresión.

Una encuesta nacional realizada por el Urban Institute en diciembre de 2025 reveló que “más de 1 de cada 5 adultos en familias inmigrantes con hijos informaron que sus familias no realizaban actividades esenciales, como asistir a la escuela, debido a preocupaciones relacionadas con la inmigración”. La encuesta también halló que “más de 1 de cada 7 adultos en familias inmigrantes con niños indicaron que sus hijos experimentaban una mayor angustia emocional debido a preocupaciones relacionadas con la inmigración”.

En este clima de temor, muchos inmigrantes también evitan recurrir a programas del gobierno de EE. UU. porque no quieren llamar la atención sobre su estatus migratorio. Una encuesta realizada el año pasado por la organización KFF y The New York Times reveló que el porcentaje de adultos inmigrantes que afirmaron haber evitado solicitar programas de ayuda para alimentos, vivienda o atención médica en los 12 meses anteriores aumentó de 8 % en 2023 a 12 % en 2025.

“La gente busca atención de manera reactiva, cuando realmente la necesita, cuando ya no puede aguantar más”, dice Dennis Dacarett Galeano, psiquiatra y profesor clínico adjunto de la UCLA. “Esto abarca desde no acudir a las revisiones médicas preventivas hasta posponer tratamientos necesarios e incluso no ir a urgencias”.

Marcos González evita hablar del futuro próximo con sus hijos menores. Está preparando a su hijo mayor, que trabaja, y a su hija mayor, que estudia en la universidad, para que cuiden de sus hijas pequeñas (que cursan la secundaria y la escuela intermedia) en caso de que él y su esposa, quien también cuenta con el TPS, se vean obligados a marcharse.

“Vivimos en un estado de incertidumbre”, revela González. “Nos preparamos para el peor de los escenarios. Es duro, porque mis hijos deberían estar concentrados en sus estudios y en su futuro y, en cambio, sus vidas podrían cambiar drásticamente”.​

A su estrés se suma el hecho de enterarse o ver cómo se llevan a sus vecinos en redadas migratorias que se realizan al azar en las calles, en sus hogares, en los lugares de trabajo e incluso en los lugares de culto. González dice que su familia se siente en la mira y se ha esforzado por enseñarles a sus hijos cuáles son sus derechos.

“El hecho de hablar español o el color de nuestra piel nos convierte en blanco de interrogatorios”, asegura. “Mis hijas menores no se sienten seguras. Sienten que llegará un momento en que serán interrogadas. Les he dicho que se queden calladas, que digan que son ciudadanas y que no den ninguna información sobre sus padres”.

Janet y su familia han dejado de salir a menos que sea necesario, y ella pasa la mayor parte de las tardes jugando a juegos de mesa y sentada con sus padres en el patio trasero. Intenta pasar el mayor tiempo posible con ellos y cuidarlos mientras todavía puede. Cuando salen, dice, su ansiedad aumenta.

“A veces, cuando hablo con mis amigos, comentamos lo preocupados que estamos por nuestros padres y que realmente no sabemos cómo están”, dice Janet. “Ya no logro concentrarme en los estudios o simplemente vivir mi vida. A veces, mi hermana pequeña pregunta: 'Mamá y papá aún no han llegado a casa; ¿crees que están bien?’”.

Su hermana solo tiene 10 años, así que Janet también se siente responsable de ella. Intenta distraerla y mantenerla tranquila, pero le resulta difícil porque también está tratando de calmarse a sí misma.

“Trato de pensar en cosas buenas y le digo que lo único que podemos hacer es esperar. Que si algo sale mal, todo estará bien. Pero sobre todo”, dice, “tratamos de no pensar en nada”. 

Janet espera graduarse de la secundaria en dos años y estudiar en la universidad. Sueña con ser enfermera y planea conseguir un trabajo mientras estudia en la universidad para apoyar económicamente a sus padres. Sabe lo cansados que están y no quiere que se preocupen.

“Quiero verlos en mi graduación”, confiesa ella. “Son la razón por la que estoy aquí”.


“A veces, cuando hablo con mis amigos, comentamos lo preocupados que estamos por nuestros padres y que realmente no sabemos cómo están”, dice Janet. “A veces, mi hermana pequeña pregunta: 'Mamá y papá aún no han llegado a casa; ¿crees que están bien?’”.

Janet Gonzalez, estudiante de décimo grado


Tatiana Londoño, assistant professor of social welfare at UCLA's Luskin School of Public Affairs, poses for a portrait.


Tatiana Londoño, profesora adjunta de bienestar social en la Escuela Luskin de Asuntos Públicos en The University of California, Los Angeles (UCLA), afirma que las reacciones de Janet son típicas de los jóvenes de familias inmigrantes.
“Lo que vemos es una parentificación emocional”, dijo Londoño. “Se convierten casi en padres para sus propios padres. Y no es que sus padres los obliguen a hacerlo; lo hacen naturalmente, por cariño y también por los valores culturales que tienen. A largo plazo, asumir estos roles para sus padres o hermanos siendo tan jóvenes es una carga muy pesada”.

Esta es la segunda historia de una serie de tres partes. También podrás leer:

1- Con sus 3 años intenta sobrellevar la ausencia de su papi: niños víctimas del asedio migratorio de ICE

3- Enmascarados a la vuelta de la esquina: Ante las redadas del ICE, las escuelas recurren a la creatividad para proteger a los jóvenes

 
 


Cora Cervantes es una periodista independiente radicada en Los Ángeles. Su trabajo ha sido publicado en NBC News, MSNBC, Latino USA, Al Jazeera y palabra de la NAHJ.

Julie Leopo es una fotorreportera galardonada, basada en California, que explora temas de cultura, política, identidad y justicia social. Le apasiona visibilizar las historias de las comunidades biculturales y bilingües a través de la fotografía. Además, Leopo enseña periodismo fotográfico en la Universidad Chapman.