En D.C. la salsa tiene su “capital”
Tumbao, la banda que lidera Jorge Martínez Padrón desde hace 16 años.
Cada sábado por la noche, Bossa, el local de eventos musicales que está en el corazón de Adams Morgan, en Washington, D.C., se convierte en el epicentro de la salsa. Allí toca Tumbao, la banda que lidera Jorge Martínez Padrón desde hace 16 años y que ha convertido sus presentaciones en una cita infaltable para amantes del género de múltiples nacionalidades.
Click here to read in English
Texto, fotos y videos de Julio Túpac Cabello, @eljuliotupac
Apoya las voces de periodistas independientes.
|
WASHINGTON, D.C. - En el muy washingtoniano barrio Adams Morgan, la ciudad tiene una cita que se convierte en el epicentro de la salsa de la capital de Estados Unidos. En Bossa, cuando se monta Tumbao, como cada sábado desde hace 16 años, la noche se vuelve un viaje a ritmo de timbal.
No es un hallazgo predecible: esta ciudad en la que abunda el teatro, es más bien una urbe para el jazz y el blues, cuando de música se trata. Y siendo multicultural, los caribeños sólo alcanzan un 20 por ciento de la población latina, según el American Community Survey. Pero así será el poder de la salsa en esta cita semanal, que es capaz de convocar no sólo a todo tipo de latinos, sino a aficionados de todos los continentes, edades y preferencias.
También en el Café Citron y en Cuba Libre Restaurant and Rum Bar hay citas para los salseros. Aunque las bandas en vivo van por temporadas y muchas veces las jornadas las lideran los DJs. Las presentaciones de Tumbao, en Bossa, son la presencia de la salsa viva en Washington. La prueba infaltable de que ese género que nació en Nueva York en los años 70 está más vivo que nunca.
suscríbete al boletín de palabra
Los sábados en la noche, Bossa, el local de eventos musicales que está en el corazón de Adams Morgan, es el epicentro de la salsa de Washington, D.C. Allí toca Tumbao, la banda que lidera Jorge Martínez Padrón desde hace 16 años y que ha convertido sus presentaciones en una cita infaltable para los amantes de la salsa de la capital del país. Acude gente de todas las nacionalidades. A eso de las 12 el lugar siempre está repleto y en cualquier época del año parece verano: por tanta gente bailando al mismo tiempo, siempre hace calor.
Jorge es un cubano que estudia música desde los 7 años (entró en el Conservatorio Guillermo Tomás, considerado por los medios especializados como uno de los más reconocidos y completos de La Habana), luego cursó piano en la Universidad Nacional de Costa Rica y finalmente egresó de la George Mason University, en Virginia, como Bachelor of Arts. Bastó con que tuviera el título y la experticia en música académica para que entonces pudiera dedicarse a una de sus grandes pasiones: la salsa. Aunque, ojo, Jorge también hace jazz y es educador. Es un músico profesional. Y muy popular. Pasa la mitad del tiempo tocando y haciendo los coros, y la otra mitad, saludando.
Cada encuentro reúne a faunas distintas. Fanáticos de la salsa tradicional, iniciados que apenas bailan, bailarines entrenados en las coreografías de la salsa casino, gente que baila sola y ensimismada como en una discoteca, mujeres que bailan entre sí, grupos, negros latinos y negros no latinos. Nórdicos, japoneses, españoles. La salsa puede convocar cualquier cultura y nacionalidad. Hay noches en que encuentras a una mujer o a un hombre -bailarines experimentados- que van solos y todo el mundo los saca a bailar. A veces hay alguien que baila solo y ve a la banda como si estuviera en un concierto.
Raúl Morel es dominicano. “Un verdadero Frontman”, dicen sus compañeros. Además de cantar con versatilidad, interactúa con la gente, con los integrantes de la banda, cuenta anécdotas, imita los acentos de su público, los hace reír, baila y convierte el toque en un show. Raúl tiene versiones de sus interpretaciones salseras en spotify. Es un sonero de oficio.
Desde la tarima los músicos contagian con su complicidad e improvisación. Timbales, percusión, canto, bajo y teclados (a veces haciendo sonido de piano, otras de trompeta, otras de trombón) dialogan en escena, se turnan, juegan, disfrutan una enormidad, y eso se extiende por toda la pista con la misma dopamina. “Es una de las cosas que más gozo cada sábado”, reconoce Jorge, que dirige la banda desde su versátil teclado. “Lovable, I don’t want to miss it anymore”, dice con su acento gutural Antón, un belga con el que me he topado un par de veces.
Los repertorios cambian cada más o menos seis meses, aunque a veces vienen canciones nuevas separadamente. Hay piezas que mezclan una canción con otra, introducen un coro de otra pieza, encima le improvisan alguna broma, y luego regresan a la canción original. Los músicos se entretienen y el público se sorprende mientras baila. Aquí cabe decir que si los músicos se divierten, el público se divierte también.
Los sets se extienden por más de 45 minutos y nadie se pierde una pieza. Entre un set y otro, suenan algunos clásicos salseros, merengue y hasta reguetón. La función se alarga hasta bien entrada la madrugada. Comienzan a las 10 y 30 de la noche, pero es a partir de las 11 cuando la gente llega. A eso de la 1 am no cabe un alma.
Bossa es la sede de un viaje salsero con todas las de la ley. “Cuando estás ahí y comienza el set te olvidas del mundo y de dónde estás, porque está en el planeta salsa”, dice Patricia Helena Mendoza, una argentina asidua al local. Cada set comienza con un introito musical que se convierte en sorpresa/adivinanza tipo “qué canción será ésta”. Y se termina con las graciosas palabras de Raúl, el cantante, que promete volver después de “five Dominican minutes”. Entonces los bailarines, sudados, se dirigen a la barra a tomar algo o salen un rato a agarrar fresco.
Pasadas la 1 de la mañana, la banda termina. Algunos se quedan para seguir a ritmo del DJ, pero los más salseros se despiden hasta el próximo sábado.
—
Julio Túpac Cabello es periodista, escritor y especialista en narrativas. Ha trabajado en medios internacionales como BBC, Univision y la Agencia EFE, y en TV networks como HBO, Sony Pictures Television y NBC Telemundo. Egresado de la Universidad Central de Venezuela, tiene una maestría en producción de Cine y TV en la Universidad de Bristol, Inglaterra. Es autor de los libros Nosotros, los centauros (ficción); Felices Bastardos (un registro arbitrario de la menospreciada ciudad de Miami) y Sabiduría de moribundo (escritura creativa y multigenérica); entre otros. Actualmente reside en la ciudad de Washington, DC. @eljuliotupac