Ellas eran enfermeras en Puerto Rico y ahora aprenden nuevos oficios para redibujar su futuro económico

 

Natalia Figueroa (izquierda y centro) y Madeline Gómez (derecha). Ilustración por Acento Story Tank.

 

Madeline Gómez y Natalia Figueroa no se conocen, pero tienen varias cosas en común: ambas dejaron la enfermería para aprender nuevos oficios. Lejos de la capital y con el apoyo de organizaciones sin fines de lucro, cuentan cómo llegaron aquí y los retos que enfrentan.

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Por Mariela Santos Muñiz, @mellamomariela


PUERTO RICO - Ubicada en una pequeña parcela de tierra, con un campo de béisbol al otro lado de la calle, se encuentra una antigua escuela primaria que ahora alberga organizaciones comunitarias en el pueblo sureño de Peñuelas. Fue en este lugar donde palabra conoció a Madeline Gómez, enfermera de profesión que no está ejerciendo el oficio. 

Gómez es una líder comunitaria del pueblo de Ponce, que colinda con Peñuelas. A ella le interesaba aprender a coser desde niña y recibió su primera máquina a los 10 años. Pero ella admite que no vio en la costura un futuro laboral al salir de la escuela. Ahora, décadas después, sentada en lo que una vez fue un aula en el primer piso de un edificio escolar, Gómez habla de cómo está planificando comenzar su propio negocio de costura.  

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Madeline Gómez quiere tener su propia casa gracias a su emprendimiento. Foto cortesía de Madeline Gómez.


Ella cuenta que vive en un apartamento de vivienda pública, conocido en Puerto Rico como “Sección 8”, y está recibiendo asistencia gubernamental. Ahí ha creado un taller para trabajar y, con voz emotiva, cuenta que sueña con tener su propia casa a través de sus esfuerzos de emprendimiento. Actualmente está buscando otro local para su negocio, a pesar de que hay personas a su alrededor que le dicen que puede fracasar. 

Pero Gómez no está pensando en el fracaso y dijo que “con solamente recibir la ayuda y tener la preparación”, entendía que Dios ya le estaba abriendo puertas. 

Aproximadamente a 55 millas o 65 kilómetros al oeste del pueblo de Peñuelas, visitamos a otra enfermera graduada, Natalia Figueroa, y nos contó su historia. Ella también decidió apostar por el emprendimiento para seguir adelante. Abrió su negocio, Skin Wellness by Nurse Natalia, en el pueblo costero del oeste, Mayagüez, en octubre de 2025. En la oficina donde hace tratamientos de cuidado de la piel, alquilada dentro de un consultorio dental, habló con palabra.


Natalia Figueroa en su negocio. Foto cortesía de Natalia Figueroa.


No se dedica a tiempo completo a su negocio porque tiene que conservar un segundo trabajo a tiempo parcial como mesera. “Ese ha sido uno de los trabajos que me ha ayudado a sostener mi hogar y, adicional a eso, me ha ayudado a poder ahorrar para poder invertir en lo que es el negocio”.

Para Figueroa, el emprendimiento significa una oportunidad “de independencia, crecimiento personal y profesional y propósito”. 

Gómez y Figueroa, ambas enfermeras de profesión, están buscando estabilidad en un momento en que los profesionales de la salud enfrentan numerosos desafíos relacionados con su trabajo. Esto incluye la necesidad de una mejor remuneración para las enfermeras. 

En una vista pública gubernamental en octubre del 2025, se reportó que los salarios de los enfermeros públicos eran de menos de $36,000 al año. Otros factores que los afectan son la falta de apoyo para su bienestar físico y emocional. 

Talleres y ayudas abren el camino

En el año 2025, Gómez tuvo la oportunidad de aprender a coser cuando Ponce Neighborhood Housing Services (PNHS), una organización sin fines de lucro, llevó talleres de costura a su comunidad. En colaboración con diferentes organizaciones, PNHS dictó talleres gratuitos a participantes en cuatro municipios, contó Jomarys Maldonado Piña, supervisora del Programa de Desarrollo Comunitario. Este programa fue específicamente para mujeres en riesgo social y económico, comentó. 

Gómez ha recorrido un largo camino porque, según explicó, ella no tenía conocimiento sobre la costura y con mucho esfuerzo aprendió el oficio, al punto de crear piezas de ropa completas y utilizar patrones. Personas de su comunidad se han acercado para solicitarle trabajos de costura. 

Dijo que sueña con las prendas que confeccionará, para luego despertarse y crearlas. Contó que el trabajo que está haciendo le “acuerda a Dios cuando hace cosas”. 

Por su parte, Figueroa llegó al Centro Empresarial Para la Mujer el día siguiente de perder su empleo. Trabajó en hospitales durante tres años, y comenzó en el mundo de la estética en un MedSpa, en el que trabajó por seis años. Describió esa experiencia como “una universidad, una escuelita” donde descubrió su pasión por el cuidado de la piel. Ahí empezó a soñar con tener su propio negocio.

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Asistió a una orientación y eventualmente entró en uno de los programas de esa organización, que es parte del Centro Para Puerto Rico de la Fundación Sila María Calderón, también sin fines de lucro. Mientras hacía el curso volvió a trabajar en restaurantes. 

Para Figueroa, los que más le ayudó fueron los talleres de capacitación financiera y organización administrativa. “Tú tienes que salir adelante”, puntualizó. “Y nadie se da cuenta de lo que uno pasa, pero si uno tiene ganas, uno lo puede hacer. Es cuestión de seguir, poner la cabeza en eso y manifestar las cosas”.

Todavía se acuerda de lo difícil que es no tener empleo. “Una persona que se queda sin trabajo, se tira en una cama o puede caer en una depresión. Pueden pasar muchas cosas, muchas cosas”, dijo Figueroa. 


“Tú tienes que salir adelante”, puntualizó. “Y nadie se da cuenta de lo que uno pasa, pero si uno tiene ganas, uno lo puede hacer. Es cuestión de seguir, poner la cabeza en eso y manifestar las cosas”.

— Natalia Figueroa, emprendedora


Según Eileen M. Soler Feneque, directora del centro ubicado en Mayagüez, la organización se enfoca principalmente en trabajar “con mujeres que están por debajo del nivel de pobreza, mujeres que han sido víctimas o sobrevivientes de violencia de género, mujeres que tienen baja escolaridad o que residen en comunidades especiales o vulnerables”. Al principio servían a 17 municipios de Puerto Rico, y ahora cubren 27. 

En Puerto Rico, el 41.7% de las mujeres vive por debajo del nivel de pobreza, mientras que el 21.6% de las mujeres vive en pobreza extrema, según un estudio publicado en 2025 de la consultoría Estudios Técnicos.  En Ponce, donde vive Gómez, el Censo reportó que el 49.7% de los residentes vivían en pobreza. La “mediana de ingreso familiar fue de $19,877 entre 2020 y 2024 (en dólares de 2024)”. 

En Mayagüez, donde Figueroa decidió establecer su negocio, 53.3% de los residentes vivía en pobreza en el 2024 y la “mediana del ingreso familiar fue $18,295 entre 2020 y 2024 (en dólares de 2024)”.

No obstante, Gomez y Figueroa entran en una estadística más optimista: la mayoría de las personas que emprenden en Puerto Rico son mujeres y jóvenes, según reportó El Nuevo Día en el 2025, con datos del Reporte Interactivo del Estado de la Comunidad Empresarial en Puerto Rico.

Tanto en PNHS como en el Centro Empresarial Para la Mujer, participantes como Gómez y Figueroa tienen las puertas abiertas para seguir recibiendo orientación mientras crecen y trabajan para alcanzar sus sueños. Lanzar sus propios negocios es apenas el principio.

 
 

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Mariela Santos Muñiz es una periodista independiente radicada en Puerto Rico cuyos escritos han sido publicados por NBC News Latino, Prism, palabra, entre otros. Tiene una maestría en Relaciones Internacionales y Comunicaciones Internacionales de la Universidad de Boston y un bachillerato en Estudios Socio-Humanísticos de la Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Gurabo. Actualmente es estudiante de maestría en Ciencias de la Información en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras, tiene conocimiento nativo del inglés y español, y mayormente enfoca su trabajo en comunidades Latine en los Estados Unidos de América y Puerto Rico.  @mellamomariela