Asalariados de día, dioses del metal por la noche
Con su peluca puesta y micrófono en la mano, Toshi Matsuo se prepara para subir al escenario y cantar con Nonthrax, la banda tributo a Anthrax.
UN PERIODISTA LATINO EXPLORA EN JAPÓN UNA ESCENA LOCAL QUE BIEN PODRÍA ENCAJAR EN AMÉRICA LATINA, EN DONDE MUCHOS TRABAJADORES ENCUENTRAN ALIVIO A TRAVÉS DEL ‘HEADBANGING’, LOS ACORDES POTENTES DEL ROCK…Y UN ALTER EGO.
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Texto, fotos y traducción de Rodrigo Cervantes, @RODCERVANTES
TOKIO — Lo que descubrí podría haber ocurrido en cualquiera de esas ciudades bulliciosas de Latinoamérica, pero era Tokio.
Los latinos nos hemos ganado cierta fama por ser personas trabajadoras. Pero si hay un país con reputación de tener ciudadanos realmente expuestos a la sobrecarga laboral, ese es Japón.
Sin embargo, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el país asiático está muy por debajo del promedio de horas trabajadas anualmente por trabajador en comparación con otras naciones. Latinoamérica lidera la lista, con México en primer lugar, seguido de Costa Rica y Chile. Mientras tanto, Estados Unidos ocupa el séptimo puesto, ¡y Japón está en el vigésimo primero!
Pero esa reputación que carga Japón proviene de su evidente cultura laboral extrema, en donde los empleados trabajan incansablemente, incluso extendiendo sus jornadas por largas horas extras o aprovechando sus viajes en transporte público para redactar informes y presentaciones. Hasta existe una palabra en japonés para describir la peor de las consecuencias que este estilo de vida puede traer: karoshi, o muerte por exceso de trabajo.
La alta presión en el trabajo en Japón suele ser una respuesta a un sentimiento de responsabilidad colectiva y a sus jerarquías rígidas y verticales. No obstante, el trabajo duro también tiene sus recompensas.
Después de sus largas jornadas, muchos trabajadores japoneses se aflojan las corbatas, cambian sus tacones altos por zapatos bajos y salen a reunirse con amigos para tomar algo, fumar y comer en algún izakaya, esas tradicionales cantinas locales.
Se podría comparar fácilmente este aspecto de la cultura japonesa con la de Latinoamérica; quizás porque los japoneses, al igual que los latinoamericanos, trabajan mucho, pero prefieren trabajar para vivir en lugar de vivir para trabajar.
Kaz, Yume y Toshi Matsuo después de la actuación de Nonthrax en el festival Legend of Rock en el Ex Theater Roppongi.
Matsuo formó con amigos Nonthrax, una banda tributo a Anthrax.
Toshi Matsuo maquillado por su esposa, Yume Suzuki, ayudándolo a prepararse para cantar con la banda tributo Nonthrax.
Fue durante una de esas noches cuando conocí a un hombre que me introdujo en una de las subculturas de Japón más ignoradas por los extranjeros y que, sin embargo, me recordó mucho a mi gente en el continente americano. Su nombre es Toshi Matsuo.
Estábamos sentados uno al lado del otro en un pequeño bar llamado Metal Justice Tokyo. El lugar sin duda le hace justicia a su nombre, siendo el heavy metal el único género que toca ahí su propietario, Shinji-san, quien también es líder del club de fans de Metallica en Japón.
Argentina, Brasil, Chile y México se encuentran entre los países latinoamericanos con un enorme apetito por el heavy metal. Muchas bandas legendarias han dado allí algunos de sus conciertos más memorables y multitudinarios. Japón es muy similar. Incluso el legendario guitarrista de metal y exmiembro de Megadeth, Marty Friedman, se mudó a esta nación hace años, atraído por su cultura y el amor de Japón por su género musical.
Rodeado de objetos de colección de heavy metal en Metal Justice, la presencia de Matsuo resaltaba. No solo era la persona mejor vestida del bar, con un traje impecable (la mayoría llevábamos pantalones de mezclilla y camisetas), sino que además era increíblemente amable.
Tras enterarse de que soy mexicano, me habló con unas cuantas palabras en perfecto español. Había visitado mi país por negocios y también había vivido en Estados Unidos. Después de charlar un rato sobre nuestras bandas favoritas, le comenté que soy periodista. Fue entonces cuando Matsuo-san, de 55 años, me habló de una escena underground en la que participa activamente.
Así me enteré de que Toshi Matsuo, el alto ejecutivo de una importante cadena hotelera japonesa, se transforma periódicamente en su ídolo, Joey Belladonna, vocalista del grupo de thrash metal Anthrax. Y fue así como también terminé en un festival que sería perfecto en Latinoamérica, pero que se celebra en Japón. Un lugar en donde la gente común y corriente se libera de la presión diaria tras convertirse en emuladores de sus ídolos del heavy metal de los años 80 y 90.
Toshi Matsuo corre en el escenario cantando y luciendo un penacho al estilo de Joey Belladonna, quien tenía ascendencia indígena.
La leyenda japonesa del rock
Hace unos años, Matsuo formó con amigos Nonthrax, una banda tributo a Anthrax.
Las bandas tributo de metal son relativamente comunes en Latinoamérica, pero tienen diferencias significativas con las que vi en Japón, en donde son una forma de dejar atrás la rutina y la formalidad social y de hacer la vida más gratificante.
Matsuo-san no es el único profesional de alto nivel en su banda. Tres miembros de Nonthrax -los dos guitarristas y el baterista- son pilotos de grandes aerolíneas, mientras que el bajista es abogado.
"Todos tenemos carreras y trayectorias diferentes, pero cuando nos reunimos para un ensayo o una actuación, realmente nos esmeramos por ser un éxito porque esto nos apasiona", dijo Matsuo.
Nonthrax, una banda tributo a Anthrax de Tokio, dentro de un ascensor en el Ex Theater Roppongi en Tokio.
El ejecutivo y cantante reconoció la gran presión que supone el trabajo moderno, pero subrayó la importancia del equilibrio entre la vida laboral y personal, especialmente ahora que él y su esposa están solos en casa, con su hijo viviendo en la ciudad de Nueva York.
"Creo que es importante tener un pasatiempo fuera del trabajo", dijo Matsuo. "Si no hago nada, me pasaría el sábado y el domingo en casa viendo la televisión, lo cual no sería divertido".
Nonthrax forma parte de un colectivo de bandas tributo que buscan una calidad de sonido profesional. Suelen reunirse para participar en festivales, el más importante de los cuales se llama Legend of Rock.
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Takashi Okabe, un apasionado amante de la música, creó el festival hace 21 años. Vio la oportunidad de reunir a bandas tributo en pequeños bares, creando un espacio para celebrar el rock clásico y, al mismo tiempo, ayudar a las generaciones más jóvenes a comprender el impacto que tuvieron esas bandas en su apogeo.
"Pensé en crear este concepto para la gente a la que le gusta esta música, intentando transformar la idea de lo que representa una leyenda del rock", dijo Okabe. "Quería hacer feliz a la gente no solo escuchando a las bandas tributo, sino también viéndolas en vivo".
En tan solo unos años, la escena se expandió. De pequeños bares, Legend of Rock se convirtió en una producción a gran escala en el Ex Theater Roppongi, un importante recinto donde algunas de las bandas originales han actuado.
"En un bar de barrio solíamos tener alrededor de 100 personas, pero ahora mismo el máximo ha sido de 3.000", dijo Okabe.
Takashi Okabe (izquierda), creador del festival Legend of Rock, durante la prueba de sonido en el Ex Theater Roppongi.
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Si bien las bandas tributo no son exclusivas de Japón, el talento que se encuentra aquí es fenomenal. Los músicos japoneses son reconocidos por su precisión y técnica, y estas bandas no son la excepción. En el país que le dio al mundo el karaoke, no sorprende encontrar cantantes de talla mundial en lugares inesperados.
Sin embargo, ver tanto talento vocal e instrumental compartiendo un escenario importante frente a decenas de fans entregados es algo único. Imaginemos poder reunir a todas las principales bandas tributo de metal de São Paulo, Buenos Aires, Caracas o Ciudad de México en un teatro principal de una de esas metrópolis, con iluminación y sonido profesionales. Eso es Legend of Rock en Tokio.
Puede que el público no sea tan entusiasta como en Latinoamérica. Por supuesto que los japoneses también se emocionan, pero suelen ser respetuosos y organizados durante los conciertos, incluso en espectáculos tan intensos como éste. No hubo nada de crowd surfing, mosh pit ni slam. Nada de antorchas improvisadas ni sillas volando por los aires.
Sin embargo, la audiencia es exigente, aclaró Okabe.
"Creo que el público japonés tiende a ser bastante reservado, pero con cierta actitud hacia los promotores de: 'A ver, muéstranos lo que tienes'", dijo Okabe. "Esa es la actitud y la crítica a la que se enfrentan los artistas japoneses, por lo que el público tiende a ser receptivo, pero exigente, en lugar de simplemente disfrutar del espectáculo".
Pero las audiencias demandantes traen consigo grandes actuaciones. Muchas de estas bandas dedican un esfuerzo inmenso a la música e incluso a su estética. Por ejemplo, JP/DC, un tributo a AC/DC, tiene en su alineación a un "Angus Young" con su característico uniforme escolar australiano, y Guns Love Roses (una banda tributo a Guns N’ Roses) cuenta con un "Slash" con todo y su melena abundante.
Además, la calidad del sonido es sorprendente. Si cierras los ojos, podrías creer que estás escuchando a los artistas originales.
La banda tributo a Guns N' Roses de Japón, Guns Love Roses, cuenta con sus propios "Slash" y "Axl Rose".
Tocando entre las estrellas
Entre las bandas tributo más impresionantes que vi en Legend of Rock estaba Hattallica, cuyo nombre es un ingenioso juego de palabras con la palabra japonesa hattari, que significa farolear o fingir, combinado con Metallica.
Hattallica ha alcanzado un estatus legendario entre las bandas tributo locales. Incluso Matsuo afirmó haberse inspirado en ellos, y según se dice, tienen la bendición de James Hetfield y el resto de Metallica.
Durante el festival, Kazuaki "Kirz Hammett" Kanetoyo, de Hattallica, tocaba solos de guitarra con una precisión metódica. Según "Kaz", su parecido con Kirk Hammett de Metallica era tan asombroso que el día que pudo ir a conocer en persona a su ídolo durante un concierto de Metallica en Japón, el propio equipo de Hammett lo confundió con un cosplayer japonés.
Por increíble que parezca, Kanetoyo trabajaba de día manipulando metal industrial. No pude evitar reír un poco con él cuando me lo contó. Admitió que su trabajo le absorbía la mayor parte del tiempo y lamentaba el impacto que tenía en su familia, pero consideraba que sus actuaciones eran una lección para su hijo de cinco años.
"Mi mensaje para mi hijo es que no solo es importante trabajar, sino también, al mismo tiempo, esforzarse al máximo para disfrutar de la vida", dijo.
Kanetoyo falleció por causas naturales unas semanas antes de la publicación de este artículo. El propio Hammett de Metallica presentó sus respetos a Kanetoyo en su cuenta de Instagram.
Love and Roses caption here.
Una familia dentro de una familia
Nonthrax fue el telonero del festival. Matsuo-san lució una peluca de pelo largo mientras su esposa, una ex cantante profesional, lo ayudaba a prepararse empolvándole la cara con maquillaje. La escena me recordó a aquellas con las que crecemos muchos latinos, cuando las esposas cariñosas ayudan a sus maridos a arreglarse antes de ir a trabajar.
Matsuo-san saltó al escenario con sus compañeros de banda, imitando los movimientos y la voz de Belladonna, e incluso luciendo en algún punto de la actuación un penacho, a la usanza de su ídolo (Belladonna tenía ascendencia indígena iroquesa).
Y así, el oficinista había desaparecido. Era hora de que el rock 'n' roll reinara.
"Si tienes entre 20 y 30 años y te dedicas a esto, vas a pelear o discutir, ¿sabes?", me dijo Matsuo. "Pero creo que somos lo suficientemente maduros como para saber cuáles son nuestras prioridades: la familia es lo primero, el trabajo lo segundo, pero necesitas tener este pasatiempo para que tu vida sea más plena y placentera".
n cantante japonés imita a Axl Rose en la banda tributo a Guns N' Roses.
Como en las familias latinas, aquí la familia es lo primero. Y esa noche había sido especialmente significativa para los Matsuo: su hijo de 25 años, Kaz, los visitaba desde Estados Unidos. Era la primera vez que veía a su padre actuar en vivo.
"Me alegra haberlo visto antes de tener que tomar mi vuelo esta noche", dijo Kaz. "Nunca pensé de niño que él sería parte de una banda tributo, especialmente ya que mi madre siempre ha sido la artista y la cantante. No me lo esperaba, pero sin duda es una grata sorpresa poder verlo actuar así, con tanta energía".
Kazuaki "Kirz Hammett" Kanetoyo de Hattallica actuando en el Ex Theater Roppongi.
Al finalizar la presentación de Nonthrax, la familia de tres se reunió tras bambalinas para recibir con gusto a su propia versión japonesa de Belladonna, lista para llevar a Kaz al aeropuerto. Pero era evidente que los Matsuo no eran la única familia presente. Casi como si fuera un próspero barrio latinoamericano, toda la comunidad de artistas y fans formaba una familia propia.
"Me encanta hacer esto porque simplemente conoces a un montón de gente estupenda, lo que significa que llegas a conocer diferentes perspectivas", dijo Toshi Matsuo.
El festival terminó, y los fans y los artistas retoman sus rutinas, pero sus corazones ya se habían liberado. Y el rock 'n' roll sigue vivo, sano y en plena forma.
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Rodrigo Cervantes es un periodista bilingüe y estratega en comunicación galardonado y con amplia experiencia en Estados Unidos y México, entre otros países. Ha colaborado con medios como NPR, CNN, The Los Angeles Times y la BBC. Dirigió el buró en México de KJZZ, fundando la primera oficina internacional de una emisora de radio pública estadounidense. Fue editor general de la sección de Negocios de El Norte, parte de Grupo Reforma, uno de los principales grupos editoriales de México. En Georgia, EE.UU., dirigió la redacción de MundoHispánico, la publicación latina más antigua y de mayor circulación en el estado en ese entonces, perteneciente a The Atlanta Journal-Constitution. Su trabajo ha sido reconocido con premios Murrow de la RTDNA y José Martí de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP). Fue secretario de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) y actualmente es co-director editorial de palabra, así como profesor adjunto en la Escuela de Periodismo y Comunicación W. Cronkite de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). @RODCERVANTES