Un cementerio indígena fue rescatado, pero el avance de la inteligencia artificial podría convertirse en una amenaza
Miembros de La Junta y de comunidades aledañas se reunieron a principios de noviembre para la ceremonia de reinhumación en Presidio, Texas.
COMUNIDADES DE PUEBLOS ORIGINARIOS CELEBRARON LA REINHUMACIÓN DE SUS ANCESTROS EN LA ZONA FRONTERIZA ENTRE TEXAS Y CHIHUAHUA, PERO EL TERRITORIO ENFRENTA EL INTERÉS CRECIENTE DE EMPRESAS TECNOLÓGICAS
Por Koyana Flotte, @koyanankyflotte
Edición de Rodrigo Cervantes, @RODCERVANTES
Fotografías por Sarah M. Vasquez, @sarahmvasquez
El sol se elevaba en el oriente y su luz se filtraba entre las hojas de los mezquites, iluminando los coloridos atados de oración colocados en la cima del montículo sagrado. Este día, el 1 de noviembre de 2025, los restos de varios ancestros fueron finalmente reinhumados en este montículo situado en Presidio, Texas, en la frontera con Ojinaga, Chihuahua.
La noche anterior, familiares y miembros de la comunidad velaron a sus difuntos durante una extensa ceremonia en la que los restos fueron “vestidos”: colocados en cajas, envueltos en telas finas y acompañados de oraciones para prepararlos para su reinhumación.
Al amanecer, el sonido de un caracol anunció el inicio de la ceremonia. Más de cincuenta personas, guiadas por las mujeres de la comunidad, comenzaron a levantar y trasladar a “los Ancestros” hacia afuera del tipi para dar continuidad a la ceremonia de entierro.
Como integrante de La Junta —Concho, Chiso, Jumano y Julime— y descendiente directa de los Lipan Apache del Barrio de los Lipanes, mi vínculo con este territorio es profundo y ancestral. Mi primer encuentro con algunos de los ancestros aquí mencionados ocurrió en 2006, durante una visita escolar con mi profesor de ciencias ambientales, Pat Simms. Hoy, como investigadora comunitaria y participante en la investigación y redacción de la señalética de este sitio funerario, asumo con especial cuidado la tarea de documentar el retorno continuo de los ancestros y sus familias a este lugar, para que sus voces sigan formando parte de las decisiones que definirán su resguardo y cuidado a futuro.
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Cementerio del Barrio de los Lipanes.
Un sitio sagrado milenario
Este cerro sagrado es conocido como el Cementerio del Barrio de los Lipanes y con frecuencia se le describe como un “cementerio lipan apache”. Sin embargo,este montículo funerario sagrado de carácter histórico está vinculado a los Pueblos Originarios de La Junta de los Ríos, en referencia al cruce del Río Bravo y del Río Conchos, quienes han habitado esta región durante miles de años, mucho antes de la llegada de los Lipan Apache, quienes también sepultaron aquí a sus familiares.
Es un sitio milenario donde convergen generaciones de historias familiares cuyas trayectorias rara vez constan en los registros oficiales o en las historias de los Pueblos Originarios de Estados Unidos o de México. El cementerio encarna una continuidad indígena estratificada que, con el paso del tiempo, reclamaron autoridad sobre sus muertos en un paisaje que antecede tanto a los límites municipales como a las instituciones y.
Aquella mañana de sábado en Presidio, siete conjuntos de restos humanos fueron devueltos a la tierra.
Cinco de ellos habían sido identificados durante décadas como “los Cinco de Millington”, una denominación que reducía a las personas al nombre de un sitio arqueológico. Hoy son reconocidos como los Cinco de La Junta, como forma de honrar y dignificar a los difuntos. Otros dos conjuntos —uno proveniente de Palo Blanco y otro de Candelaria, áreas cercanas al cementerio— también fueron reintegrados, tras haber sido donados por propietarios de tierras, con el acompañamiento de instituciones como el Center for Big Bend Studies.
Abby Delgado, Amanda Holstien y M Anne Ornelas llevan piedras centinela a las tumbas del cementerio. Otros miembros de la comunidad y visitantes participaron en la ceremonia.
La memoria de una abuela en duelo
Mientras escribía y dibujaba a mano las dimensiones aproximadas de las siete sepulturas frente a mí —alrededor de sesenta centímetros de ancho por un metro veinte de largo— advertí la presencia de un hombre apartado del resto del grupo. Se encontraba en la parte norte del montículo, observando fijamente una tumba pequeña, cercana al camino, que estuvo a punto de ser destruida durante la construcción de una barrera de protección en 2023.
Me dijo que se llamaba Mike Pallanes Samaniego. Había acudido por su difunta abuela, Jacinta Samaniego.
Jacinta falleció en 1917. Mike explicó que su familia cree que murió de tristeza en una época en la que la guerra y la distancia desgarraban a las familias. Su hijo había sido reclutado para la Primera Guerra Mundial y su ausencia sumió a Jacinta en una profunda depresión. Murió pocos meses después.
Beatriz Villegas (al frente), de El Paso, encabeza una fila de mujeres que transportan los restos desde un tipi hasta el cementerio. Los descendientes de los “Ancestros” dirigieron la reinhumación y pasaron la noche con los restos en una ceremonia.
“Nuestro abuelo está enterrado en Alpine, Texas”, me dijo. El trayecto desde Presidio tarda aproximadamente una hora y media. “Él vino hasta aquí, retiró la lápida y la colocó allá, enseguida de la tumba de mi abuelo”.
Mike, como decenas de personas cuyos familiares reposan en este lugar, nunca dejó de regresar. Cada año, especialmente durante el Día de Muertos, lleva flores a la tumba de su abuela. Relató que su familia vivía en Casa Piedra, a unos 50 kilómetros al oeste de Presidio, antes de que esas tierras fueran despojadas y entregadas a familias angloamericanas, hasta convertirse en lo que hoy es el Parque Estatal Big Bend Ranch.
“Sí, ella era nativa americana”, dijo Mike, mientras se le quebraba la voz. “Era bajita, de apenas metro y medio, y se casó con mi abuelo Miguel Pallanes, que era un español muy alto. Por eso en mi familia hay unos gigantes y otros no tanto”.
Recordó que, desde niño, visitaba el cementerio con su padre y que incluso entonces temía que no sobreviviera al desarrollo, al crecimiento del camino, al tráfico y a la expansión que lentamente lo rodeaba.
Ricardo Tlilli Garcia y la Dra. Hermelinda Ryan Walking Woman recogen piedras centinela cerca de las tumbas antes de la ceremonia de reinhumación. Las piedras se colocaron sobre las tumbas para brindar protección espiritual y física.
La familia ancestral como estructura milenaria
El día de la reinhumación, miembros de la comunidad cavaron las tumbas colectivamente. Más tarde, colocaron centinelas —piedras guardianas— sobre las sepulturas. El trabajo fue lento, cuidadoso y deliberado, guiado por la convicción de que devolver a los familiares a la tierra es una responsabilidad compartida por toda la comunidad.
En Presidio, la familia no es una red pequeña ni cerrada: es la estructura misma de la vida cotidiana. Las personas saben con quién están emparentadas porque esas relaciones se viven día a día y se dan en casi todos los ámbitos del tejido social. Llamarse prima o primo es habitual, ya que es muy probable que exista algún vínculo. El parentesco no es una categoría distante, sino una forma viva de continuidad que distingue a este lugar por su larga historia.
La Junta es ampliamente reconocida como la región agrícola más antigua de lo que hoy se conoce como el lejano oeste de Texas. Esa continuidad se ha preservado a través de la memoria oral, de archivos históricos, de datos genéticos y, más recientemente, del derecho federal.
Esto es crucial para la reinhumación.
Cuatro de las siete tumbas para la ceremonia de reinhumación.
Según la Ley de la NAGPRA (National Archaeological Preservation Act, por sus siglas en inglés), la descendencia directa tiene prioridad jurídica incluso por encima de las reclamaciones de tribus reconocidas federalmente. Cuando una persona viva puede demostrar una relación ancestral directa con un individuo cuyos restos se encuentran bajo custodia institucional, ese vínculo tiene el mayor peso legal para su restitución.
En esta región aislada del oeste de Texas, esa designación rara vez corresponde a una sola persona. Las familias han permanecido en el mismo territorio durante generaciones. Cuando un ancestro es reconocido legalmente como pariente de alguien, suele estar vinculado a múltiples miembros de la comunidad. Esto refleja cómo opera el parentesco aquí y explica por qué la familia es central para fortalecer los derechos de los Pueblos Originarios, incluido el derecho a ser enterrados en su territorio ancestral.
Ese reconocimiento importa ya que amplía los márgenes de colaboración, la responsabilidad compartida y la rendición de cuentas entre pueblos indígenas en territorio estadounidense, independientemente de su estatus federal.
También amplía los derechos de los pueblos originarios.
NAGPRA no solo autoriza la reinhumación. Esta ley también puede crear un marco para la consulta y la negociación con instituciones y naciones tribales reconocidas por el gobierno federal. En el lejano oeste de Texas, se ha abierto un espacio para que comunidades indígenas —históricamente excluidas del reconocimiento federal— ejerzan derechos jurídicamente sustentados sobre el enterramiento sagrado de restos ancestrales, así como sobre el resguardo territorial.
Miguel Mendías cava una de las siete tumbas en el Cementerio del Barrio de los Lipanes.
Identidad y nuevas amenazas
Xoxi Nayapiltzin es anciano del Consejo de la Junta y miembro del consejo directivo de la Big Bend Conservation Alliance (BBCA). Durante décadas ha trabajado con tribus, instituciones federales y el gobierno federal para traer de regreso a los Ancestros que han sido robados, saqueados o resguardados en cajas de museos locales.
“No reconozco al gobierno federal como quien legitima mi indigeneidad”, me dijo. “Nuestros parientes —las tribus reconocidas— sí nos reconocen y nos tratan como quienes somos”.
Señaló que varias tribus con vínculos históricos en la región ya consideran a la gente de La Junta como parientes indígenas y que ese reconocimiento es clave para garantizar el retorno legítimo de los Ancestros.
Sin embargo, según miembros de la comunidad, el terreno donde se ubica el cementerio enfrenta una nueva amenaza: la posible instalación de un centro de inteligencia artificial. Otros, en contraste, lo perciben como una oportunidad.
Cuando le pregunté a Nayapiltzin sobre su postura frente a este y otros proyectos de desarrollo, como la planta geotérmica de empleo para inteligencia artificial y prevista para la zona, respondió: “Sobre lo de la inteligencia artificial, no estoy muy actualizado. Quienes se oponen dicen que va a agotar los acuíferos. Y la gente, nuestra gente, dice que traerá empleos y beneficios”.
Miembros de la comunidad apilan piedras centinela cerca de las tumbas antes de la ceremonia de reinhumación.
La Organización de las Naciones Unidas ha documentado reiteradamente que los pueblos indígenas habitan y resguardan territorios que albergan aproximadamente el 80% de la biodiversidad restante del planeta. No se trata de una afirmación simbólica, sino del resultado de prácticas históricas de cuidado territorial, de contención y de responsabilidad intergeneracional de comunidades que defienden y abogan por la tierra y el agua.
Hoy, esas responsabilidades están siendo puestas a prueba en Presidio.
A medida que las comunidades indígenas y de Pueblos Originarios del oeste de Texas avanzan en el reconocimiento de sus derechos mediante la reinhumación y la aplicación de la Ley de NAGPRA, la región enfrenta presiones crecientes por proyectos de desarrollo a gran escala, en particular aquellos vinculados a la energía geotérmica y a la infraestructura de inteligencia artificial. En comunidades pequeñas, la rendición de cuentas se vuelve más compleja cuando las redes familiares se entrelazan con los espacios de poder y de toma de decisiones.
Dirigentes de organizaciones conservacionistas, funcionarios locales y promotores de desarrollo pueden estar relacionados, por lazos de parentesco, matrimonio o vínculos sociales.. Estas relaciones no implican necesariamente irregularidades o falta de ética, pero sí pueden dificultar la formulación de preguntas incómodas, la desaceleración de iniciativas o la exigencia de plena transparencia, especialmente cuando existen riesgos ambientales significativos, que deben ser discutidos por las comunidades de ambos lados de la frontera.
Esa tensión ya es perceptible en toda la región.
Arian Velázquez-Ornelas y su hija, Izabella Ornelas, llevan una caja con restos que fueron colocados cuidadosamente dentro de las tumbas durante la ceremonia de reinhumación.
“Un festín”
Bill Gerald Addington, organizador comunitario y defensor ambiental con décadas de trabajo en la región, describió el momento actual como “un festín”, impulsado por la vulnerabilidad económica de la región y por el interés corporativo agresivo.
“Nuestra tierra y nuestra gente están siendo objetivo porque somos una región económicamente golpeada”, afirmó. “Hay políticos dispuestos a firmar acuerdos de confidencialidad, a aceptar pagos por consultoría y, en algunos casos, a votar sobre los mismos proyectos que deberían fiscalizar”.
Addington ha seguido de cerca las propuestas de centros de datos de inteligencia artificial y sus enormes demandas energéticas. Señaló que, aunque los proyectos geotérmicos suelen presentarse como iniciativas limpias e independientes, cada vez están más vinculados a la infraestructura que sostiene a la IA. “La energía geotérmica puede alimentar centros de datos de inteligencia artificial. Eso ya es común”, explicó.
Advirtió que proyectos energéticos promovidos como locales, educativos o de desarrollo regional pueden terminar sirviendo para operaciones de IA a escala industrial en otros lugares, transformando el territorio sin consentimiento previo e informado.
Juan Hernandez, Lorenzo Hernandez y Billy Hernandez cubren las tumbas después de que se colocaran los restos.
Como reportó previamente el Big Bend Sentinel, autoridades del condado de Presidio y de la ciudad de Marfa han sostenido reuniones continuas con desarrolladores de un centro de datos de inteligencia artificial propuesto por la empresa energética Open Origin. El proyecto contempla el uso de decenas de miles de acres al sureste de Marfa.
La propuesta abarcaría aproximadamente 80 mil acres a lo largo de la carretera U.S. Highway 67, incluyendo los históricos ranchos de McGuire y Antelope Springs.
El terreno pertenece actualmente a la empresa Texas Mountain Cattle Company, controlada por el multimillonario Brad Kelley. Aunque la venta aún no se ha concretado, su eventual desarrollo tendría impactos directos en todas las comunidades del extremo oeste de Texas, incluidas las de Presidio.
De acuerdo con el reportaje, el proyecto requeriría grandes cantidades de electricidad y agua para sus sistemas de enfriamiento. Las estimaciones señalan que la extracción de agua subterránea podría superar el consumo anual de la ciudad de Marfa. En una región árida, donde los acuíferos ya se encuentran bajo estrés, incluso la etapa de planeación plantea interrogantes de fondo sobre la escala del proyecto, la supervisión pública y los impactos a largo plazo en la seguridad hídrica.
Una evaluación geotérmica realizada en 2024 por el Bureau of Economic Geology de la Universidad de Texas concluyó que el condado de Presidio “posee claramente recursos geotérmicos sustanciales y no desarrollados”, capaces de abastecer varias veces la demanda eléctrica del propio condado, incrementar su resiliencia energética e incentivar la instalación y la expansión de empresas.
No obstante, el mismo informe advierte que la esquina sureste del condado —incluida la región del Big Bend— sigue siendo un “territorio relativamente desconocido” debido a la grave escasez de datos del subsuelo. Esta ausencia de información dificulta evaluar los riesgos e impactos potenciales sin perforaciones adicionales ni estudios más profundos.
La relación entre la energía geotérmica y la infraestructura de inteligencia artificial, como señaló Addington, también se cruza con las limitaciones actuales del sistema eléctrico local. El estudio indica que el condado de Presidio no cuenta actualmente con instalaciones propias de generación eléctrica y dispone únicamente de una línea de transmisión que conecta Marfa con Presidio.
Si el desarrollo geotérmico avanza como fuente de energía base y la inteligencia artificial se consolida como un consumidor industrial de gran escala, la pregunta central deja de ser si los proyectos son técnicamente viables y pasa a ser otra, más profunda: ¿cuál será el impacto real de estas iniciativas sobre el agua, la tierra y las formas locales de gobernanza?
Para las comunidades indígenas y de pueblos originarios, esto plantea una cuestión fundamental: ¿qué camino se debe elegir ahora que el reconocimiento y los derechos comienzan a consolidarse en Presidio y en las regiones aledañas?
Una tumba cubierta con piedras centinela en el Cementerio del Barrio de los Lipanes.
Hogar, autoridad y responsabilidad
La reinhumación afirma el derecho a traer a los Ancestros de vuelta a casa y a enterrarlos en su territorio ancestral. El reconocimiento también reafirma la presencia y la autoridad milenaria en este territorio. Pero estos logros también conllevan una responsabilidad ineludible: proteger la tierra, resguardar el agua y garantizar que el desarrollo no dañe ecosistemas frágiles ni fracture relaciones comunitarias ya de por sí complejas y tensionadas.
El cementerio hace visible esa responsabilidad. Nos recuerda que la tierra no está vacía y tiene voz, que las decisiones tomadas en el presente moldearán las relaciones del futuro, y que los derechos de los Pueblos Originarios son inseparables del cuidado del territorio.
Mientras al oeste de Texas se le pide aceptar nuevas formas de desarrollo en nombre del progreso, los Pueblos Originarios deben decidir cómo ejercer el reconocimiento que tanto costó conquistar y cómo proteger este lugar, manteniendo a nuestras propias familias y liderazgos dentro de una lógica de rendición de cuentas, para que las generaciones futuras no tengan que reparar aquello que hoy pudo haberse prevenido.
Marcus Pacheco y James Silvester observan mientras Beatriz Villegas guía a la comunidad fuera del Cementerio del Barrio de los Lipanes después de la ceremonia de reinhumación.
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Koyana Flotte/palabra
Koyana Flotte (Ph.D.) es académica y escritora radicada en el oeste de Texas, originaria de la región fronteriza de Ojinaga, Chihuahua, y de Presidio, Texas. Es descendiente directa de los pueblos Julime, Concho y Chiso y miembro de la tribu Lipan Apache. Actualmente se desempeña como Coordinadora Senior de NAGPRA y Profesora Visitante de Antropología y Sociología en la Universidad de Texas en El Paso. Su trabajo se centra en la repatriación, los derechos de los Pueblos Originarios, la gestión ambiental y la investigación comunitaria a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. @koyanankyflotte
Sarah M. Vasquez/palabra
Sarah M. Vasquez is a writer and photographer based in Marfa, Texas. Her writing has appeared in Texas Highways, Glasstire, Texas Observer, Hyperallergic, LatinaMedia, and her photography has appeared in Wall Street Journal, Texas Monthly, NBC News, New York Times and Texas Tribune. She was previously a reporter covering the Far West Texas region for the Big Bend Sentinel newspaper and was an intern at Marfa Public Radio. @sarahmvasquez
Rodrigo Cervantes/palabra
Rodrigo Cervantes es un periodista bilingüe y estratega en comunicación galardonado y con amplia experiencia en Estados Unidos y México, entre otros países. Ha colaborado con medios como NPR, CNN, The Los Angeles Times y la BBC. Dirigió el buró en México de KJZZ, fundando la primera oficina internacional de una emisora de radio pública estadounidense. Fue editor general de la sección de Negocios de El Norte, parte de Grupo Reforma, uno de los principales grupos editoriales de México. En Georgia, EE.UU., dirigió la redacción de MundoHispánico, la publicación latina más antigua y de mayor circulación en el estado en ese entonces, perteneciente a The Atlanta Journal-Constitution. Su trabajo ha sido reconocido con premios Murrow de la RTDNA y José Martí de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP). Fue secretario de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) y actualmente es co-director editorial de palabra, así como profesor adjunto en la Escuela de Periodismo y Comunicación W. Cronkite de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). @RODCERVANTES