La capital mexicana se prepara para el Mundial entre obras, desplazamientos y protestas
Afuera del Estadio Banorte, durante la reinauguración, aficionados celebraron con fiesta y ambiente festivo, mientras en otros puntos de la Ciudad de México se registraron protestas el sábado 28 de marzo de 2026.
ANTES DE QUE SE ENCIENDAN LAS LUCES DEL “ESTADIO AZTECA” PARA LA COPA DE FÚTBOL DE LA FIFA, EL SUR DE CIUDAD DE MÉXICO SE TRANSFORMA, DEJANDO A VARIOS AFECTADOS E INSATISFECHOS.
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Texto y fotos de Jacky Muniello
Editado por Rodrigo Cervantes, @RODCERVANTES
CIUDAD DE MÉXICO — Desde temprano, el ruido metálico de la construcción acompañó por meses las inmediaciones del Estadio Banorte (mejor conocido como Estadio Azteca) en el sur de Ciudad de México, una de las zonas más densamente pobladas de la capital mexicana.
El 11 de junio, el estadio será sede inaugural de la Copa Mundial de Fútbol 2026 que México compartirá con Estados Unidos y Canadá. El torneo se proyecta como una vitrina global para hacer lucir al país. Sin embargo, a menos de tres meses antes del evento, su preparación avanzaba bajo una sombra persistente: por una parte, tensiones comerciales y políticas entre los países anfitriones y, en el lado mexicano específicamente, preocupaciones por la seguridad e infraestructura.
Pero en el día a día, a nivel local en la Ciudad de México, las tensiones previas al Mundial se perciben de otra manera. Grúas que giran desde el amanecer. Vallas naranjas que redibujan banquetas. Carriles que desaparecen sin previo aviso. El “Coloso de Santa Úrsula” —como se conoce al estadio por el barrio que lo rodea— se alista para el torneo mientras su entorno se reorganiza y, al mismo tiempo, se fragmenta.
Desde el discurso oficial, el proyecto promete modernización, mejoras en movilidad y condiciones óptimas para recibir visitantes internacionales. En la experiencia cotidiana, sin embargo, la transformación resulta más incierta. Habitantes, comerciantes, vendedores informales y trabajadoras sexuales enfrentan pérdidas económicas, desplazamientos y una incertidumbre que avanza al ritmo de la obra.
Tras su renovación y re inauguración el 28 de marzo de 2026, el estadio Banorte se modernizó para ser sede del juego inaugural del Mundial de Fútbol.
Barrio en transformación
En Santa Úrsula Coapa, un barrio popular del sur de la ciudad, el Mundial no es una idea lejana. Se construye frente a las casas. Las calles han cambiado. Los trayectos se alargan. El polvo se levanta con cada camión que pasa.
Detrás del mostrador de su tienda de abarrotes, Pedro Andraca observa un cambio que no necesita estadísticas. Donde antes había flujo constante, ahora hay pausas largas.
“No es sólo el estadio”, explica, mientras acomoda mercancía, “es todo lo que están haciendo alrededor”.
Su negocio, de nombre Carmelita, depende del tránsito cotidiano del barrio. Ese flujo se ha diluido entre desvíos, cierres y confusión vial.
La preocupación no se limita a las ventas. También aparece el desabasto de agua, la presión sobre servicios ya frágiles y la sensación de que el entorno se vuelve cada vez más difícil de habitar.
Sobre Calzada de Tlalpan —una de las principales arterias que conecta el sur con el centro de la capital, con la cual colinda el Estadio Banorte— las obras avanzan en varios frentes: un corredor elevado sobre la Línea 2 del Metro, un andador peatonal llamado “La Gran Tenochtitlán” y una ciclovía que llegará hasta el estadio. En los planes oficiales, todo apunta al largo plazo. En el presente, los cambios se miden en rodeos, retrasos y ventas a la baja.
Economías que desaparecen
Debajo de la avenida, el impacto es más silencioso.
Los pasos a desnivel, que durante años funcionaron como corredores comerciales formales e informales, comienzan a vaciarse. Donde antes se acumulaban voces y mercancías, ahora predominan los espacios cerrados.Cortinas abajo. Pasillos en penumbra. Ecos.
En el paso a desnivel número 19, Guillermo López Ortega mantiene abierta su sastrería. El gesto de subir la cortina cada mañana persiste, aunque el entorno haya cambiado.
“Sin peatones, no hay trabajo”, dice.
A su alrededor, los locales cerrados refuerzan la sensación de abandono. Su mayor inquietud, sin embargo, apunta al futuro: teme desaparecer sin dejar rastro en los planes oficiales; sin acceso a apoyos ni alternativas.
Unos metros adelante, en el paso a desnivel número 20, Marí Zamora sostiene su negocio de estampado y personalización de tazas y playeras desde hace ocho años. La incertidumbre define su situación.
“Hasta ahora no hay una orden formal”, aclara.
Lo que sí existe es un margen de tiempo difuso para concluir las obras. Según la información que ella ha recibido, el tramo entre las avenidas Viaducto y Tasqueña (en donde se ubica su negocio) no será intervenido de inmediato. Noviembre de 2026 aparece como una referencia posible, aunque nada es definitivo. Mientras tanto, la estrategia que dice seguir es simple: resistir.
Más hacia el norte, esa etapa ya ocurrió. Algunos corredores fueron desalojados y remodelados.
“Han sido meses muy difíciles”, recuerda Zamora. “Lo único que queremos es seguir trabajando”.
En otro punto de la avenida, Magali Sánchez atiende un puesto familiar de papelería y productos básicos con más de tres décadas de historia.
“De esto vivimos”, dice Sánchez, quien afirma no haber recibido notificación escrita. Aun así, el mensaje que reciben pareciera indicar que ese tipo de comercio no forma parte de la ciudad que se busca proyectar.
Monserrat, trabajadora sexual, se preocupa por la falta de apoyo y diálogo con las autoridades mexicanas durante las obras de la ciclovía. La policía y los trabajos nocturnos han reducido la afluencia de clientes en varios puntos de la calzada.
En medio de consignas y carteles, algunas protestas han acusado al Mundial de ser telón para ocultar la crisis de inseguridad, las desapariciones y el desplazamiento de comerciantes en el país.
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Presencias invisibles
A lo largo de Calzada de Tlalpan, un grupo vulnerable enfrenta también el impacto de la transformación de la zona. Las trabajadoras sexuales han ocupado una parte de las aceras de Calzada de Tlalpan durante décadas. Su presencia es constante, aunque rara vez aparece en los planes urbanos.
Monserrat, como se hace llamar una de ellas, sitúa el inicio de la incertidumbre en una reunión con autoridades en septiembre de 2025. En ese encuentro, dice, se mencionaron posibles apoyos económicos temporales y la entrega de despensas durante las obras de la ciclovía que se construye en la avenida. Pero dice que nada se formalizó.
“No dijimos que sí, pero tampoco que no”, comenta.
Desde entonces, dice, no ha habido seguimiento.
“No hay nada: ni apoyo, ni despensas, ni información”, dice. “Es una burla”.
A esa incertidumbre se suma el miedo. Evoca episodios recientes de violencia durante manifestaciones y protestas sobre esa vía, con presencia policial que no se traduce en intervención.
“Cuando ves eso, entiendes quién controla lo que está pasando”, comenta.
Las obras también afectan directamente su trabajo: banquetas levantadas y calles cerradas durante la noche que no permiten el tránsito vehicular y peatonal de sus clientes. Los clientes evitan zonas con maquinaria, zanjas abiertas o patrullas. La escena se repite a lo largo de la avenida.
“Hay días en que me voy sin ganar nada”, dice. “No soy sólo yo. Somos todas”.
Manifestantes toman las calles para denunciar la violencia que se oculta detrás del espectáculo deportivo, llevando consignas y carteles afuera del edificio de la Secretaría de Turismo del Gobierno de la Ciudad de México, el 27 de febrero del 2026.
Seguridad y narrativa oficial
Mientras que las comunidades aledañas al Estadio Banorte padecen los efectos de las obras públicas, el gobierno mexicano insiste en proyectar control.
En los últimos años, bajo el mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, la estrategia de seguridad federal se ha centrado en operativos contra el crimen organizado y despliegues federales. La captura de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, se presentó como un golpe clave dentro de esa narrativa. De cara al Mundial, ese discurso se amplifica: seguridad reforzada, coordinación internacional y capacidad para recibir a millones de visitantes.
Esa narrativa, sin embargo, convive con otras expresiones en el espacio público. En distintos momentos, colectivos y ciudadanos han salido a protestar en la ciudad, no sólo por las transformaciones vinculadas al Mundial, sino también por la persistencia de la violencia y la crisis de personas desaparecidas en el país.
Las manifestaciones —a veces dispersas, a veces contenidas— dejan ver una preocupación que no se diluye con los anuncios oficiales. La distancia entre la imagen de un país listo para recibir al mundo y las demandas de justicia y seguridad que siguen abiertas.
Pero en el sur de la ciudad, esas promesas se experimentan de forma más inmediata y más incierta.
México experimentó una jornada de contrastes caracterizada por la inauguración del Estadio Banorte y manifestaciones que denuncian la inseguridad, los desalojos y la crisis de desapariciones. En un acto simbólico de protesta contra las injusticias, se llevó a cabo una cascarita de fútbol utilizando un balón con la imagen del presidente Donald Trump,el sábado 28 de marzo de 2026, en la Ciudad de México.
Las obras no se detienen. Avanzan como una cuenta regresiva, que se siente en cada cierre, en cada local vacío, en cada jornada sin ingresos.
Las autoridades federales han sostenido que las intervenciones forman parte de un plan integral de modernización urbana y preparación para la Copa Mundial de la FIFA 2026, destacando beneficios en infraestructura, movilidad y proyección internacional. Por su parte, el Gobierno de la Ciudad de México ha señalado que las obras buscan mejorar el espacio público y garantizar condiciones óptimas de acceso y seguridad durante el torneo, aunque reconoce las afectaciones temporales para habitantes y comerciantes.
Entre promesas de largo plazo y costos inmediatos, el sur de la Ciudad de México llega al Mundial con una transformación en marcha y un debate aún sin resolver. En medio de ese escenario, la discusión pública sigue activa.
La ciudad se prepara para mostrarse al mundo. Se ordena, se transforma, se redefine. Pero no todos caben en esa imagen. Para quienes han sostenido durante años la vida cotidiana de estos espacios, el Mundial no llega como una celebración, sino como un punto de quiebre.
Y una pregunta que sigue abierta: cuando todo esté listo y el torneo llegue a su fin, ¿quién podrá quedarse?
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Familiares de personas desaparecidas en México hacen acto de presencia durante la inauguración del Estadio Banorte. Recordaron la importancia de abordar temas fundamentales como la seguridad, la justicia y la memoria.
Jacky Muniello es fotógrafa documental y fotoperiodista mexicana, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Muniello documenta la migración, los derechos humanos y el medio ambiente, con énfasis en la movilidad humana, la identidad y la memoria. Colabora con agencias internacionales como Bloomberg, AP, AFP y dpa, Su trabajo se ha publicado en medios como The Washington Post, CNN, The Guardian, El País, DW, Longreads, Yes Magazine, Civil Eats y Revista Gatopardo, entre otros. Su obra forma parte de colecciones como la Biblioteca del Congreso de EE. UU., la Colección FEMSA, el Acervo María Taurina y la Plataforma de Imágenes Contemporáneas (PICS) del Centro de la Imagen. Recibió una mención honorífica en la Bienal Héctor García (2013), el primer lugar en el Concurso AAVI (2012), y fue incluida en “The Year in Photos” de AP (2023). En 2025, fue seleccionada para el Primer Archivo de Fotografía Feminista de México Rosa Chillante. Muniello imparte formación y difusión en instituciones académicas y culturales, y su trabajo se ha exhibido en exposiciones individuales y colectivas en México y el extranjero.
Rodrigo Cervantes es un periodista bilingüe y estratega en comunicación galardonado y con amplia experiencia en Estados Unidos y México, entre otros países. Ha colaborado con medios como NPR, CNN, The Los Angeles Times y la BBC. Dirigió el buró en México de KJZZ, fundando la primera oficina internacional de una emisora de radio pública estadounidense. Fue editor general de la sección de Negocios de El Norte, parte de Grupo Reforma, uno de los principales grupos editoriales de México. En Georgia, EE.UU., dirigió la redacción de MundoHispánico, la publicación latina más antigua y de mayor circulación en el estado en ese entonces, perteneciente a The Atlanta Journal-Constitution. Su trabajo ha sido reconocido con premios Murrow de la RTDNA y José Martí de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP). Fue secretario de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) y actualmente es co-director editorial de palabra, así como profesor adjunto en la Escuela de Periodismo y Comunicación W. Cronkite de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). @RODCERVANTES