De migrante en Estados Unidos a intérprete en la Presidencia de México

 

Lilia Rubio (centro) acompañó a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum (izq.), a la  Cumbre del G7 en Canadá en junio de 2025. Ahí se reunió con Lee Jae Myung (der.), presidente de Corea del Sur.

 

LILIA RUBIO PASÓ DE LAVAR PLATOS EN UTAH A TRABAJAR CON MANDATARIOS INTERNACIONALES. AHORA CUENTA SU HISTORIA.

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Texto de Laura Castellanos, @lcastellanosmx
Fotos cortesía de Lilia Rubio
Editado por Rodrigo Cervantes, @RODCERVANTES

CIUDAD DE MÉXICO —En el estudio de Lilia Rubio, dentro de su casa estilo mexicano en la colonia Condesa,  hay varias fotografías que dan cuenta de sus afectos y de su trayectoria. 

Sobre una mesa grande de madera, la intérprete —quizá la que más haya empleado la Presidencia de México— tiene una foto de ella acompañada del ex presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, otra al lado de la reina Isabel II, dos más de grupos familiares y un retrato que sobresale por su tamaño y significado: el de su madre y padre, a quienes dice deberles lo que es hoy.  

¿Cómo es que la hija de una familia rural de Jalisco, que migró por sobrevivencia económica, primero a Tijuana, y después a Utah, terminó traduciendo la palabra de los presidentes de México ante sus encuentros con mandatarios extranjeros en reuniones oficiales?

Tiene 74 años. Es bajita de estatura, con porte distinguido y carácter vibrante e impetuoso. Sentada frente a su mesa de trabajo, se acomoda las solapas de su chaqueta floreada y reflexiona: “Si mis padres tuvieron las agallas, el empuje, de haber salido de un pequeño pueblo para lanzarse a esa gran aventura, a través de Tijuana, y luego a Estados Unidos, ¿yo por qué no?”. 

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Rubio ha acompañado las actividades oficiales de interpretación de inglés a español y viceversa de los últimos seis presidentes mexicanos, además de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ha estado presente en sus encuentros con los presidentes de EE.UU. Bill Clinton, Barack Obama, Joe Biden y Donald Trump. También les acompañó con líderes mundiales, como la reina Isabel II de Inglaterra, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el presidente ruso Vladimir Putin, entre otros. 

Pero su universo trasciende lo político. De igual modo, ha ejercido su oficio para ricos empresarios, organizaciones no gubernamentales, grupos feministas y luchas populares de distintas latitudes.

Rubio dice que por su oficio ha viajado a más de 30 países, tanto que se asume como una ciudadana del mundo. “Siempre he sido una migrante, en realidad”, dice. 

La intérprete recién publicó un libro con sus memorias: Mi voz (Endora, México, 2025), que ya tiene una versión en inglés: My voice (Palabra Nómada, México, 2026). 

Escribió de sus antepasados jaliscienses y de las travesías que la llevaron a la interpretación de lenguas: la lucha familiar en Tijuana ante la precarización, sus batallas juveniles por querer ser  independiente en Utah, y el  viaje que realizó en Sudamérica con un grupo de teatro contestatario en los años setenta. 

Lilia vive con un pie en la capital mexicana y otro en Estados Unidos, por razones laborales y personales. Por ello, conoce la realidad binacional. Sabe de las redadas y detenciones violentas contra migrantes que realizan actualmente los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés).

“El presidente Donald Trump tiene que darse cuenta de que eso no se puede manejar así”, dice.

“¿Te duele ver las escenas de las agresiones?,” le pregunto.
“No las puedo ni ver, yo no he visto una escena”, me responde. “Nada más escucho un inicio de una noticia y es como si la escena me pasara por los ojos. La imagino: los gritos, el desastre, el sufrimiento. Yo no he visto nada, ni lo voy a ver. A ese grado me duelen.”

 
 

Lilia Rubio (centro) con el entonces presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (izq.) , y el presidente estadounidense Donald Trump (der.) durante una reunión en la Casa Blanca en julio de 2020, en la que ambos mandatarios intercambiaron bates de béisbol.

 
 

DE JALISCO A UTAH,  VÍA TIJUANA 

Rubio expresa su historia con pasión. Narra que una vez un amigo suyo, en España, le dijo que al verla caminar tenía la impresión de que venía de una familia acostumbrada a desplazarse vigorosa por la montaña. Le dio la razón.

Mis abuelos y tatarabuelos andaban por la montaña con huaraches, casi descalzos, porque en el pueblo no tenían ni para burros, o los usaban para irse al potrero a trabajar y cargar lo que sembraban", recuerda Rubio. 

La familia Rubio en la “zona de tolerancia” de Tijuana, en donde residieron antes de mudarse a Utah.

Con ese empuje su familia migró a Utah y su padre, José Rubio, llegó a ser reconocido por su aporte a la comunidad. En la mesa de trabajo de ella reposa un reconocimientos de cristal póstumo. dedicado a su padre, fallecido en 1998. 

Su padre y su madre, Felicitas Zamora, migraron primero de Jalisco a la zona roja de Tijuana. A su papá no le gustaba el trabajo del campo y se hizo barbero. Ya en Tijuana trabajó en un restaurante de birria y ahí lo alcanzó el resto de la familia. 

Tijuana fue el hogar de Rubio durante sus primeros 10 años de vida. “Vivimos en esas vecindades de casas de madera que eran de las más pobres, sin ningún servicio, sin agua, sin luz”, dijo. “A esa vecindad llegaba todo tipo de gente errante, migrantes de lo más pobres, gente sin escuela”. 

Con esfuerzos, su familia abrió su propio restaurante de birria. Ahí, recuerda Rubio, llegó Mike Malloy, un evangelizador mormón que introdujo a su padre a la Iglesia de los Santos de los Últimos Días. 

“Y mientras papá estaba preparando la cebolla y el cilantro, los limones y la birria de chivo, él hablaba y hablaba,” dice Rubio. 

Su padre se hizo mormón e integró a su familia.

A su madre le preocupaba el entorno en Tijuana; a su padre no tener suficientes ingresos. Pero sus contactos mormones les dijeron que en Provo, Utah, buscaban a un cocinero para el restaurante local El Azteca. Y fue así que decidieron mudarse.

A principios de los años setenta, Lilia Rubio viajó por Sudamérica durante año y medio. En la foto aparece ella a la derecha, en compañía del grupo Informe de documentalistas chilenos, durante una filmación de mineros en Chile.

LA REBELIÓN DEL TEATRO CAMPESINO

Su familia llegó a Provo. De acuerdo con Rubio, era la única familia latinoamericana. 

A los mormones les parecía admirable que papá y mamá, con sus cuatro hijos, llegaran a ese pueblo tan lejos de México a hacer una nueva vida. No hablábamos inglés, no teníamos dinero y nuestro español era el de los campesinos de Jalisco", detalló.

Toda la familia trabajó en el Azteca, que tenía 40 mesas. Lilia se estrenó como lavaplatos, al tiempo que, con sus hermanas asistía a su nueva escuela y aprendía inglés. 

 Lilia se hizo adolescente y  siguió estudiando y trabajando, inconforme con el conservadurismo familiar. 

Más un día, recuerda, una joven chicana del legendario Teatro Campesino, del dramaturgo y actor Luis Valdéz, pasó por Provo y trastocó su vida. Le contó que actuaban en los campos de cultivo de California concientizando a los jornaleros agrícolas indocumentados sobre sus derechos laborales y el racismo. 

Lilia Rubio (izq) sentada junto al entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en reunión con Presidente Joe Biden en Washington, en julio de 2022.

Lilia nunca había oído hablar del racismo. “(La muchacha) me dijo que en Utah vivíamos en una burbuja muy bendecida, pero que en California las comunidades latinas vivían persecución, te detenían si hablabas español y vivían en sobresalto por las redadas”. 

 “Allí empezó mi rebeldía,” dijo. 

En Mi Voz narra cómo escaló su plan para independizarse. Su vehículo fue el teatro. Participó en el de la comunidad mormona, luego tuvo una fugaz incursión en el teatro del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Tijuana. 

A los 20 años de edad, en 1971, se independizó de su familia. Se mudó a la Ciudad de México, daba clases de inglés para vivir y entró a la Escuela Nacional de Arte Teatral. La dejó a los dos años para forjarse en el activismo teatral en espacios callejeros y comunitarios. Esto eventualmente la orilló a aventurarse y a viajar por año y medio en Sudamérica con un grupo juvenil de teatro contestatario, al que se sumaron documentalistas chilenos del grupo Informe. 

En 1976, Lilia decidió establecerse en México. Se enteró por azar de que había una escuela de interpretación y traducción. Ignoraba que fuera un oficio, así que ingresó al Instituto de Intérpretes y Traductores, que se pagó dando clases de inglés. 

Así comenzó a trabajar para diversas empresas de interpretación de lenguas y traducción escrita, y hoy lo hace para CM Idiomas. Rubio se asume como la decana de intérpretes de equipos presidenciales. A la par, por un tiempo, hizo trabajo de interpretación y periodístico para el Wall Street Journal y fue colaboradora de la sección de cultura en La Jornada.


“Estamos viendo momentos inéditos en los flujos migratorios de todo el mundo y en las reacciones de Estados Unidos, países europeos y de América Latina. Pero emigrar es un derecho humano y, ¿quién lo va a detener?”  


INTERPRETANDO AL PODER

Lo que Lilia se explaya al hablar de su historia personal, se guarda al referirse sobre sus empleadores del poder político y económico. “Soy una intérprete en activo”, manifiesta. “La confidencialidad es clave, es un compromiso confidencial y ético”. 

Recientemente, Rubio acompañó a Sheinbaum en su viaje oficial para el sorteo de la Copa Mundial de Futbol 2026 en el Centro Kennedy de Washington. “Yo fui de apoyo nada más, ella se entiende perfectamente en inglés,” dice. 

La presidenta aún no se ha reunido con Trump. Pero la intérprete ha visto al mandatario estadounidense en distintas ocasiones, como cuando visitó México como candidato por primera vez en 2016 para reunirse con Enrique Peña Nieto. “Con López Obrador estuve en todos los viajes que vio a Trump”, dice. Entre ellos, el de aquella reunión en la que intercambiaron bates de béisbol en la oficina Oval de la Casa Blanca, en 2020. 

A Rubio le preocupa la persecución migratoria por parte del gobierno de Trump. “Se tiene que llegar a una reforma migratoria, es necesaria; Estados Unidos ya no puede estar aplazándola”. 

“Estamos viendo momentos inéditos en los flujos migratorios de todo el mundo y en las reacciones de Estados Unidos, países europeos y de América Latina. Pero emigrar es un derecho humano y, ¿quién lo va a detener?”, dice la intérprete.


 
 

Laura Castellanos es una periodista independiente mexicana radicada en México. Escribe sobre temas de transgresión y resistencias. Es autora de seis libros y ha sido distinguida con el Premio María Moors Cabot de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York (2022) y el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación otorgado por la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (COLPIN, 2016), entre otros. Se formó como periodista en Radio Bilingüe de Fresno, California, y en el extinto suplemento feminista Doblejornada del diario mexicano La Jornada. Su trabajo ha sido publicado en diversos medios, como el suplemento Dominga del diario Milenio, el Washington Post en español, Aristegui Noticias, la revista Gatopardo, El Universal y Reforma. @lcastellanosmx

Rodrigo Cervantes es un periodista bilingüe y estratega en comunicación galardonado y con amplia experiencia en Estados Unidos y México, entre otros países. Ha colaborado con medios como NPR, CNN, The Los Angeles Times y la BBC. Dirigió el buró en México de KJZZ, fundando la primera oficina internacional de una emisora ​​de radio pública estadounidense. Fue editor general de la sección de Negocios de El Norte, parte de Grupo Reforma, uno de los principales grupos editoriales de México. En Georgia, EE.UU., dirigió la redacción de MundoHispánico, la publicación latina más antigua y de mayor circulación en el estado en ese entonces, perteneciente a The Atlanta Journal-Constitution. Su trabajo ha sido reconocido con premios Murrow de la RTDNA y José Martí de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP). Fue secretario de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) y actualmente es co-director editorial de palabra, así como profesor adjunto en la Escuela de Periodismo y Comunicación W. Cronkite de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). @RODCERVANTES

 
 
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