‘La Migra’ destruyó el Sueño Americano de su familia, ahora ella persigue el Sueño Mexicano
Doris Anahi Muñoz visitó a su hermano Jose en el muro fronterizo adjunto al Parque de la Amistad en 2017, lugar en el que se encuentran año con año tras su deportación a México. El parque, ubicado entre San Diego y Tijuana, es uno de los pocos puntos en los que las familias separadas por la frontera se pueden ver frente a frente. Foto cortesía de Doris Anahi Muñoz
Una artista chicana oscila entre dos países, en donde las redadas migratorias en un lado y las protestas contra la gentrificación en el otro complican su porvenir.
Nota del editor: este artículo fue publicado originalmente por LA Public Press, una publicación independiente sin fines de lucro con noticias en pos de un Los Ángeles más saludable.
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Este año se cumplen 10 años de que mi vida se dividiera entre los dos países a los que llamo hogar. Mi hermano José fue deportado de Estados Unidos en octubre de 2015 a los 29 años. Llevaba ahí desde los 2 años. Lo mandaron de vuelta a México, un país que ni siquiera conocía.
Mis padres llegaron a Estados Unidos con mis dos hermanos mayores siguiendo la migración del resto de la familia de mi madre pero hasta 1989, perdiendo su oportunidad para el programa de amnistía. Yo soy la única ciudadana estadounidense de mi familia, nacida en Whittier y criada en el sur de California. Crecí consciente de nuestra situación, del privilegio que me otorgaba mi número de seguro social, sabiendo que en cualquier momento o en cualquier parada de tráfico podían arrebatarme a mi familia.
En 2015, durante mi último año de universidad, estudiaba las fichas para mi examen parcial de industria musical, cuando mi madre me llamó para decirme que mi peor pesadilla se había hecho realidad. En los 10 años transcurridos desde entonces, he cruzado el puerto de entrada de San Ysidro incontables veces, pasando horas en la fila con un enorme pesar en el pecho. Cuando visitaba a mi hermano en Tijuana, él me acompañaba hasta que estaba a punto de cruzar. Se bajaba, nos despedíamos y yo lloraba el resto del camino a casa. De niña, sentía la frustración de la injusticia sufrida por mi familia. Pero silencié todos esos sentimientos, temerosa de revelar su estatus migratorio. De adulta, con su bendición, esa frustración se ha convertido en un clamor por ellos y por millones de familias como la nuestra.
Doris de niña y su familia celebrando navidad en Rowland Heights, California, en diciembre de 1999. Foto cortesía de Doris Anahi Muñoz
Según datos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), 271,484 personas fueron expulsadas de Estados Unidos en el año fiscal 2024. Cada deportación fracturó familias como la mía. Muchos de nuestros padres llegaron a Estados Unidos convencidos del Sueño Americano solo para encontrarse viviendo una pesadilla. Sacrificaron sus propios sueños y sus carreras y trabajaron explotados clandestinamente las 24 horas al día, todo sin ninguna posibilidad de obtener la ciudadanía. Ahora me encuentro, como otros jóvenes mexicoestadounidenses, tras una migración inversa, hacia el Sueño Mexicano.
Durante mucho tiempo, fantaseé con cómo sería la vida de mi familia si nos hubiéramos quedado en México, o al menos si hubiéramos tenido la oportunidad de visitar parientes durante el verano y las vacaciones como lo hacían mis amigos y sus familias, con camionetas repletas de regalos y artículos de primera necesidad para sus seres queridos al otro lado de la frontera. Me prometí a mí mismo que algún día me daría la oportunidad de al menos vivir un capítulo de mi vida allí. Ahora estoy cumpliendo esa promesa.
Sabía que no sería fácil dar el salto y regresar a mi tierra ancestral. El empujón final llegó cuando, en tan solo dos meses, mi abuela falleció, terminé una relación abusiva y Disney enlató el documental al que le había dedicado mi vida. El dolor me absorbió por completo, y lo único que quería era sanar y sentirme abrazada por mi familia y la tierra que les dio la vida.
Siguiendo los pasos de mis ancestros, comencé llegando a Guadalajara con mi lado materno. Conocí a unos 25 familiares por primera vez, pero la conexión matriarcal con mis tías y primas era tan profunda que se sentía como el hogar que siempre soñé, permitiéndome llorar de verdad a mi abuela a través de sus historias.
Doris en Guadalajara, México, reuniéndose con su familia tapatía por primera vez en 2022. Foto cortesía de Doris Anahi Muñoz
Luego me fui a la Ciudad de México para convertir mi dolor en música. He estado viniendo a la ciudad desde 2018. Con el tiempo, comencé a comprender las raíces de mi familia aquí y supe que mis próximos proyectos musicales debían crearse aquí, arraigados en la conexión con mis ancestros. México alberga actualmente a más de un millón de estadounidenses —la mayor población de ciudadanos estadounidenses que viven fuera de Estados Unidos—, con un estimado de 700,000 tan solo en la Ciudad de México. Dos años y medio después, sigo aquí.
La familia de mi padre lleva casi 100 años en esta ciudad, llegando desde Álamos, Sonora, en la década de 1930 para el trabajo gubernamental de mi abuelo. Siempre habían sido un misterio para mí, ya que mi abuelo era piloto y murió en un accidente aéreo cuando mi padre era adolescente. A través de entrevistas con mis dos últimas tías abuelas vivas, descubrí historias familiares que desconocía, desde quinceañeras en el Castillo de Chapultepec hasta posibles conexiones con legendarias estrellas del cine mexicano. Era una vida que desconocía como hija de una familia de bajos recursos, primera generación de inmigrantes indocumentados, atrapada en un país del que mi familia no podía salir.
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Entonces, ¿qué significa para mí estar aquí en México hoy con doble nacionalidad?
A lo largo de este mes, han estallado protestas contra la gentrificación en toda la Ciudad de México. Los manifestantes expresan su justificada indignación por la explotación del costo de vida, que se ha visto inflada por el aumento de extranjeros que han llegado aquí desde el movimiento de nómadas digitales impulsado por la pandemia.
Mientras tanto, en California, el número de personas que se presentan a trabajar en el sector privado disminuyó un 3.1% tras el inicio de las redadas migratorias, una caída que solo ha sido igualada recientemente por los confinamientos por la COVID-19, lo que demuestra cómo la aplicación de la ley destroza tanto las economías como las comunidades. Como mexicoestadounidense, me he visto atrapada en el fuego cruzado de este discurso continuo.
La retórica va mucho más allá a no ser lo suficientemente estadounidense para los estadounidenses, o lo suficientemente mexicana para los mexicanos. Se trata de la pregunta: ¿qué podemos llamar hogar? Un hogar que se sienta seguro y digno, al que realmente pertenezca.
Doris y su madre visitando el Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México en 2023. Foto cortesía de Doris Anahi Muñoz
Como artista y subcontratista, he tenido empleos en pesos y dólares. Mis padres se sacrificaron para que yo tuviera esa oportunidad. Es un privilegio que no doy por sentado. Pero, ¿qué significa eso para personas como mi hermano, que han sido deportadas, han vivido toda su vida en Estados Unidos y solo consiguen trabajos en centros de llamadas (call centers) que pagan en dólares? ¿O qué significa para quienes viven en Tijuana y tienen que pagar la renta en dólares? ¿En dónde encajamos en esta ecuación?
Solo quisiera que quienes en Estados Unidos deshumanizan a familias como la mía, tachándolas de "ilegales", vieran nuestra humanidad. No me di cuenta de que también tendría que luchar por nuestra existencia con nuestra gente en México.
La obra de la académica chicana Gloria Anzaldúa nos recuerda que no estamos solos en este espacio liminal: Nepantla, la palabra náhuatl que significa "entre". Esto se siente como un verdadero reflejo de mi identidad y del capítulo de mi vida del que estoy emergiendo. Siempre he sabido que mi propósito al vivir en México es conectar mis dos mundos: países, identidades y culturas.
Doris canta acompañada de mariachis en Xochimilco, Ciudad de México. Foto de Luar Klinghofer Bar Dov, cortesía de Doris Anahi Muñoz
Estoy agradecida por todo lo que esta tierra me ha dado y viviré aquí todo el tiempo que me corresponda. Dondequiera que la vida me lleve, incluso si es que tengo que regresar a Estados Unidos para perseguir otros sueños, mi meta será la de crear todo lo que pueda de mi tiempo aquí y traerlo como ofrenda a nuestra gente allá.
Sé que seguiré pasando el resto de mi vida entre ambos países. Y si algún día quiero tener una familia propia, pasaré los veranos que nunca tuve de niña con ellos y mi familia en México. Honraré los sacrificios de mis padres en todo lo que pueda y seguiré transmitiendo el amor por nuestras raíces a la siguiente generación. Mientras nuestros paisanos son perseguidos en el norte, espero ver una creciente solidaridad y bienvenida entre nuestra propia gente también en el sur.
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Doris Anahi Muñoz es una artista mexicoestadounidense del sur de California radicada entre Los Ángeles y la Ciudad de México, cuyo trabajo conecta la música, la narrativa y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas. Es la fundadora de Solidaridad por el Santuario y miembro sénior de Medios Cívicos en el Laboratorio de Innovación Annenberg de la Universidad del Sur de California (USC). Participó en el documental "Mija", estrenado en Sundance, y ha lanzado dos EP ("Aprendiendo Por Las Malas" y "Por Las Buenas"). Recientemente fue galardonada con el Premio Espíritu Latino 2024 del Caucus Legislativo Latino de California, y actualmente trabaja en su álbum debut y sus memorias en la Ciudad de México para seguir construyendo puentes entre sus mundos en Estados Unidos y México. @mijadoris
Michelle Zenarosa es la editora en jefe de LA Public Press. Cuenta con 20 años de experiencia periodística en medios como Fusion, Everyday Feminism, New America Media y LA Weekly. Anteriormente fue editora adjunta en Reckon, en donde cubría distintos acontecimientos en Estados Unidos, además de haber sido gestora de comunidad en el Laboratorio de Innovación Annenberg de la Universidad del Sur de California (USC), en donde coordinó la Beca de Medios Cívicos. Es una ex punk un tanto gruñona, apasionada de sus botanas y madre de un amante de los insectos de ocho años de edad. @zenagrossa
Rodrigo Cervantes es un periodista bilingüe y estratega en comunicación galardonado y con amplia experiencia en Estados Unidos y México, entre otros países. Ha colaborado con medios como NPR, CNN, The Los Angeles Times y la BBC. Dirigió el buró en México de KJZZ, fundando la primera oficina internacional de una emisora de radio pública estadounidense. Fue editor general de la sección de Negocios de El Norte, parte de Grupo Reforma, uno de los principales grupos editoriales de México. En Georgia, EE.UU., dirigió la redacción de MundoHispánico, la publicación latina más antigua y de mayor circulación en el estado en ese entonces, perteneciente a The Atlanta Journal-Constitution. Su trabajo ha sido reconocido con premios Murrow de la RTDNA y José Martí de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP). Fue secretario de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) y actualmente es co-director editorial de palabra, así como profesor adjunto en la Escuela de Periodismo y Comunicación W. Cronkite de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). @RODCERVANTES