Tapachula: Cómo la ciudad fronteriza de México se convirtió en una “ciudad prisión” para los deportados de EE. UU.

 

Migrantes salen de Tapachula en caravana el 20 de agosto de 2026.

 

a cinco millas de la frontera de México con Guatemala, la ciudad se ha convertido en uno de los principales destinos para las personas deportadas. Incluso los mexicanos expulsados han acabado allí, pero luego de reagruparse tras ser expulsados primero a Centroamérica y no a su país de origen.

Nota del editor: Este reportaje fue publicado en colaboración con Puente News Collaborative, una sala de redacción bilingüe sin fines de lucro, que también actúa como entidad coordinadora y financiadora, dedicada a ofrecer noticias e información de alta calidad, basada en hechos sobre la frontera entre Estados Unidos y México.




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Texto y fotos de Georgina Pease

Traducida para palabra por: Douglas Gómez Barrueta

TAPACHULA, Chiapas - Apenas unos días después de que agentes de inmigración de Estados Unidos detuvieran en agosto a Daniel Ramírez cerca de su casa en Brownsville, este residente de Texas de 30 años fue encadenado a un asiento incómodo, con un cojín muy delgado, en un vuelo de deportación junto con otros ciudadanos mexicanos. Escuchó las instrucciones de seguridad previas al vuelo con cierto escepticismo.

“¿Cómo vamos a ponernos el chaleco salvavidas si tenemos esposas en las manos y en los pies?”, recordó que preguntó otro detenido.

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Pero estar esposado resultaría sería la menor de las incomodidades de este vuelo. En lugar de ser expulsados a su México natal, Ramírez y sus compatriotas fueron trasladados en avión a la Ciudad de Guatemala, sumándose a una fila de al menos 2,200 mexicanos que este año han sido llevados a Guatemala, como parte del programa de deportación a terceros países de Estados Unidos

Para Ramírez y para los críticos del presidente Donald Trump, estos traslados a terceros países hacen que el viaje de regreso a casa sea más difícil y peligroso; son un insulto más contra los migrantes capturados en una campaña destinada a expulsar a toda persona indocumentada de Estados Unidos.

Felipe Flores, deportado junto con Ramírez, calificó de “negligente” el proceso. Dijo que, tras pasar varios días en centros de detención estadounidenses abarrotados, sin poder bañarse ni cepillarse los dientes, y luego estar esposado por 15 horas, fue un alivio salir de la custodia de inmigración.

Sin embargo, tras cruzar de nuevo a México desde Guatemala, a ambos hombres les preocupaba la idea de un costoso viaje en autobús y de varios días por una zona del país que apenas conocían. Irónicamente, el viaje de Ramírez lo llevaría a Matamoros, en la frontera de México con Texas.
“Es como un castigo para que no volvamos”, dijo Ramírez, nacido en el estado mexicano de Tamaulipas pero criado en Brownsville, justo al otro lado de la frontera, en Texas. Él y Flores hablaron recientemente con Puente News sobre sus deportaciones en una abarrotada estación de autobuses de Tapachula.


Pasajeros abordan transporte público cerca del mercado Sebastián Escobar, en el centro de Tapachula, el 19 de agosto de 2026. Foto de Damián Sánchez


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Los gobiernos anteriores casi nunca deportaron personas a países con los que no tenían ningún vínculo; sin embargo, tras los cambios en la política del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) a principios de 2025, ICE comenzó a realizar habitualmente tales traslados a nivel mundial. De las aproximadamente 22.,000 personas deportadas a terceros países durante el segundo mandato de Trump, cerca de 19.,000 fueron enviadas a México. Muchas de estas personas terminan en Tapachula, una ciudad de 400.,000 habitantes que se ha convertido en un bullicioso epicentro para miles de migrantes y refugiados de todo el mundo.


El Instituto Nacional de Migración de México, que ha colaborado con el gobierno de Trump para recibir a los expulsados, señaló, no obstante, que la deportación de ciudadanos mexicanos a Guatemala tenía como fin dificultar su reingreso en territorio estadounidense.


“El Gobierno de México ha comunicado a las autoridades estadounidenses su oposición a esta práctica y ha reiterado que toda persona mexicana tiene derecho a ingresar al territorio nacional”, declaró el Gobierno mexicano en un comunicado de prensa el 20 de agosto.


A varias preguntas sobre la deportación de ciudadanos mexicanos a Guatemala, un portavoz del DHS respondió por escrito: “La administración Trump está utilizando todas las opciones legales para llevar a cabo la mayor operación de deportación de la historia, tal como prometió el presidente Trump”.


Migrantes, varios de ellos en familia, salen de Tapachula en caravana el 20 de agosto de 2026.


La estación de la deportación

Después del vuelo de deportación que dejó a Ramírez en la capital de Guatemala, fue trasladado en autobús hasta la frontera sur de México. Las autoridades mexicanas lo liberaron luego en Tapachula. Antes de comprar un boleto de autobús para ir a Matamoros, la ciudad natal de su abuela en el estado mexicano de Tamaulipas, Ramírez reflexionó sobre el viaje que le esperaba: “Me faltan como mil pesos”, calculó. “Voy a estar viajando como tres días. Sentado en un autobús. Es horrible”.


En la última década, Tapachula, la segunda ciudad más grande del estado mexicano de Chiapas, ha acogido a refugiados que huyen de la violencia de las pandillas en Haití y Honduras, del hambre en Venezuela y Cuba, y de las guerras y la persecución política en países de todo el mundo. Y aquí, a la sombra del volcán Tacaná, que marca el punto de encuentro entre Centroamérica y Norteamérica, el movimiento humano choca con las políticas antimigratorias de México, cada vez más militarizadas, diseñadas para disuadir a los migrantes de viajar hacia el norte, ya sea a estados más prósperos o a la frontera con Estados Unidos.


Desde enero de 2025, miles de ciudadanos mexicanos, incluidos niños no acompañados, y personas trasladadas desde terceros países, principalmente de Cuba, Venezuela y Centroamérica, han sido deportados en aviones y autobuses directamente a la ciudad.


“Ambos países siguen una lógica de disuasión similar: mantener a las personas lo más lejos posible de la frontera entre México y Estados Unidos para evitar la reincidencia”, afirmó Gretchen Kuhner, directora del Instituto para las Mujeres en la Migración, en un correo electrónico enviado a Puente News


Estados Unidos coordina desde hace tiempo las deportaciones con el gobierno mexicano, y ejerce presión sobre él, para ampliar las políticas de prevención basadas en la disuasión. Tras un aumento repentino en 2014 de la migración procedente de Centroamérica, el Programa Frontera Sur de México utilizó fondos estadounidenses para incrementar los puntos de control y las deportaciones de personas no mexicanas.


El programa contribuyó a crear un cuello de botella: los centroamericanos, incluso muchos que ya habían sido deportados de Estados Unidos y México, han regresado a Tapachula. Se han sumado a un grupo estimado de 50.,000 personas de todo el mundo que no pueden avanzar más hacia el norte de México debido al aumento de los puestos de control y a las largas esperas para obtener una decisión sobre sus visas y sus solicitudes de estatus de refugiado.


En Tapachula, los migrantes contemplan su futuro. Algunos aún esperan llegar a la frontera entre Estados Unidos y México; muchos dicen que no pueden regresar a sus países de origen, mientras que otros consideran hacer de México su nuevo hogar.


La afluencia y la contención de migrantes en Tapachula saturan la infraestructura, los servicios para refugiados y los mercados laborales, señaló Denisse Lugardo Escobar, directora de Relaciones Internacionales y Desarrollo Transfronterizo de Tapachula. Las autoridades municipales, estatales y federales, así como las organizaciones internacionales, ofrecen a los migrantes oportunidades de trabajo y asesoría legal. Pero “la demanda es demasiado grande”, explicó Lugardo. “Es como echar cada vez más agua en una botella. En algún momento se va a llenar, se va a derramar, se va a rebosar y se sigue echando más agua, pero ya no cabe”, agregó.


Migrantes salen de Tapachula en caravana el 20 de agosto de 2026.


Un largo camino a casa

El día en que Ramírez fue liberado, cientos de migrantes se reunieron en el Parque Bicentenario de Tapachula bajo una lluvia ligera, detrás de una pancarta con letras azules y negras pintadas a mano que decía: “Sueños sin Fronteras”.

José David Murcia Valdez llevaba dos mochilas ligeras colgadas de los hombros y sujetaba el manillar de una pequeña bicicleta de montaña negra con la que esperaba regresar a Monterrey, el centro industrial del norte de México, a unas 150 millas de la frontera con Texas. Este hombre de 30 años de edad huyó de Honduras hace seis años, tras sufrir un ataque con machete que le costó un dedo y le dejó los brazos y los hombros cubiertos de cicatrices. 

Logró llegar a Monterrey, allí mantuvo un empleo estable en una planta de reciclaje durante tres años, hasta que las autoridades migratorias mexicanas acudieron al lugar para revisar la documentación de los trabajadores. “Me devolvieron a Honduras, pero no puedo estar en mi país debido al ataque con machete”, aseguró Murcia Valdez, a quien anteriormente se le había denegado la solicitud de refugio en Tapachula. 

“En cuanto llegué, di media vuelta y regresé, pero en Tapachula la situación es muy difícil para nosotros, para los migrantes”.

Su siguiente opción fue la caravana “Sueños sin Fronteras”, la cuarta organizada este año en Tapachula. Al viajar en un grupo numeroso, los migrantes buscan reducir el riesgo de detención y de ser blanco del crimen organizado. 

“Lo que más queremos es estar un poco más al norte, donde hay trabajo”, indicó Murcia Valdez.

Pero la esperanza se desvaneció rápidamente. A solo 30 millas de Tapachula, algunas personas dieron media vuelta, agotadas y hambrientas. Las autoridades mexicanas llevaron a otras de regreso a Tapachula en autobús, lo que muchos migrantes ahora llaman una “ciudad prisión”.


Murcia Valdez contó que, la última vez que salió de Tapachula la caravana se disolvió en Oaxaca y las autoridades migratorias los regresaron al sur. En esta ocasión, tras unos días de camino, Murcia Valdez y los integrantes restantes de la caravana “Sueños sin Fronteras” habían recorrido 62 millas, manteniéndose aún dentro de los límites del estado de Chiapas.
“Lo lograré”, dijo Murcia Valdez. “Tengo fe y confío en Dios. Si me ha mantenido con vida, es por un propósito”.

La ciudadanía mexicana de Daniel Ramírez le ahorró la odisea de la caravana. En su lugar, tuvo que hacer un costoso viaje en autobús de varios días de regreso a Tamaulipas, justo al otro lado del Río Grande, frente a la casa que tiene en Texas y a la que no puede regresar.


Daniel Ramírez espera el 21 de agosto un autobús que partirá de Tapachula con destino a la Ciudad de México, es la primera etapa de un viaje de dos días hacia la casa de su abuela en Matamoros, Tamaulipas.


Ramírez aseguró que sabía que, sin documentación en EE. UU., le resultaría difícil encontrar trabajo después de años de estudios y de realizar trabajos ocasionales en la economía informal. Sin un camino viable para obtener un estatus legal, también vivía con el temor de ser deportado a México, un país del que solo tenía recuerdos vagos. Sin embargo, lo que empeoró su experiencia de deportación fue el dolor de haber sido abandonado primero en Guatemala, un país con el que no tiene ningún vínculo, y luego dejado a su suerte en el sur de México, a casi 1.,300 millas de su lugar de nacimiento.

“Está mal, ¿sabes? Es algo malo”, enfatizó.

Ramírez se quedará en el lado mexicano del muro. Expresó que duda que intente cruzar una frontera que se ha vuelto “prácticamente imposible” de atravesar.


Daniel Ramírez sube el 21 de agosto de 2026 a un autobús con destino a la Ciudad de México, junto con otros nueve ciudadanos mexicanos que habían sido deportados a Guatemala.


En Matamoros, ya ha encontrado trabajo pintando autos y planea escribir un libro que será publicado por él mismo. 

“No quiero volver porque no lo necesito”, aseguró Ramírez. “Tengo mi propia forma de ganar dinero; no necesito ir para allá.”

Reportaje editado por Ricardo Sandoval y Alfredo Corchado.



 
 

Georgina Pease es periodista independiente y estudiante de la Escuela de Posgrado de Periodismo de la Universidad de California, Berkeley. Informa sobre migración y zonas fronterizas en Estados Unidos y América Latina.