Ahogados en pagos

 

El monto total de deuda de préstamos estudiantiles federales es de $1.75 billones en febrero de 2023. Foto de Laura Carmen Arena para palabra 

 
 

Mientras continúa la batalla legal sobre un plan de perdón de préstamos estudiantiles federales, muchas familias latinas enfrentan situaciones difíciles cuando se trata de crecientes deudas universitarias

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Iliana Panameño quería estudiar una maestría en trabajo social, como lo había hecho su madre. Para solventar la matrícula en la Facultad  de Trabajo Social en la Universidad de Boston, regresó a vivir con  sus padres en Malden, Massachusetts. Panameño sacó préstamos para estudios de posgrado bajo su propio nombre para evitar abrumar a sus padres con deudas y no correr el riesgo de que tuvieran que aplazar su jubilación — una decisión que le costó.

En la actualidad, la combinación de pagos de préstamos federales y privados de Panameño es de aproximadamente $1,500 mensuales. Este año, su pago podría aumentar, ya que la pausa de pagos de préstamos estudiantiles federales de la administración Biden por tres años terminaría el 1 de septiembre o 60 días después de que resuelvan las demandas legales al programa de alivio de deudas. (Dichas demandas han llegado a la Corte Suprema.)

“La pausa en (los pagos) de préstamos estudiantiles ha sido un gran alivio”, dijo Panameño. “Siento que tengo el espacio para ahorrar más”. Sin embargo, le preocupa su futuro financiero una vez que la moratoria federal termine, y se pregunta si será posible jubilarse.

Iliana Panameño, especialista de comunicaciones en GreenRoots, en su oficina en las sede de la organización de justicia ambiental en Chelsea, Massachusetts. Foto por Laura Carmen Arena para palabra

Panameño está consciente de que las cosas podrían ser mucho peor. En el candente mercado inmobiliario de Boston, vive con sus padres sin pagar alquiler. Los ayuda con los pagos de servicios públicos y envía remesas a familiares en El Salvador. También vive su sueño de ser organizadora, ya que es directora  de comunicaciones en GreenRoots, una organización de justicia ambiental sin fines de lucro ubicada en Chelsea, una ciudad de clase trabajadora en las afueras de Boston con una gran población latina.

El año pasado, Panameño y su hermana se sentían bastante estables económicamente como para explorar comprar un condominio. Una compra fracasó. Luego subieron las tasas de intereses para hipotecas, lo cual detuvo sus planes. “Tengo un buen empleo, un trabajo  que paga bien”, dijo Panameño. Pero no se imagina comprar una vivienda sola debido a sus deudas de préstamo. También oye a sus amistades quejarse que los préstamos están dificultando sus planes en otros aspectos de sus vidas. “No confían en que les alcance el dinero para tener una familia”, dijo. “¿Estaremos trabajando para siempre para pagarlos?”

Iliana Panameño y familia. Foto cortesía de Iliana Panameño

A nivel nacional, 43.5 millones de personas con préstamos estudiantiles debían un récord total de $1.75 billones en febrero de 2023. El peso de la deuda es más intenso para los prestatarios latinos: Los latinos sacan préstamos con más frecuencia y dejan de pagar sus préstamos con mayor frecuencia  que sus colegas anglosajones , y también son la población de estudiantes matriculados de mayor crecimiento.

En total, entre 18 y 20% de los prestatarios con deuda en Estados Unidos son latinos, según Laura Beamer, una de las principales investigadoras de finanzas de educación universitaria en el Instituto Familiar Jain (Jain Family Institute), un grupo no partidista con cede en Nueva York. “Hay que suponer que más latinos van a solicitar préstamos en el futuro que los que están solicitando actualmente”, dijo Beamer.

Eduard Nilaj, investigador de ciencia de datos y colega de Beamer, dijo que las consecuencias serán severas cuando termine la pausa de los pagos de préstamos federales. “Será más difícil mantener la hipoteca de una casa”, dijo Nilaj, añadiendo que a algunos prestatarios se les hará difícil decidir “cuál deuda van a saldar primero”.


‘Lo normal era asistir a una institución privada … Me dejé llevar.’


“Una falta de recursos — no solamente financieros, sino una falta de conocimiento — es realmente lo esencial  del problema,” dijo Jaclyn Piñero, ejecutiva general de uAspire, una organización nacional sin fin de lucro en Boston que asesora a las comunidades marginadas sobre la universidad. De la población a la que ayuda uAspire, 41% es latina, lo que equivale aproximadamente a 4,000 prestatarios al año.

“Para los estudiantes de primera generación en particular”, dijo Piñero, “es difícil encontrar a alguien en la comunidad que ya haya atravesado por eso, que pueda cerrar esa brecha de conocimiento y encuentre alternativas y oportunidades para continuar la educación más allá de la escuela secundaria”.

Panameño sí tiene un modelo: su madre, quien llegó a Estados Unidos desde El Salvador con una visa de trabajo y recibió una maestría en trabajo social de Boston College. Pero ni tener una progenitora con un título de posgrado libró a Panameño de los préstamos estudiantiles. Para sus estudios de posgrado, Panameño se dirigió a Union College en Lincoln, Nebraska, una institución privada que pertenece a la Iglesia Adventista del Séptimo Día Cuenta que a su familia se le recomendó un préstamo PLUS con intereses altos. El préstamo federal, administrado por el Departamento de Educación, se le ofrece a padres de estudiantes tanto de bachillerato como de posgrado.

Estudiantes en el recinto de la Universidad de Boston en una tarde fría en febrero. Foto por Laura Carmen Arena para palabra 

“Aunque tengo un padre que pudo explorar ir a la universidad y completar la universidad”, dijo Panameño. “Sentí que no había mucha información sobre cómo funciona el proceso”.

Para los que evitan los préstamos de balances altos, existen otros retos. Ruth Alcántara

colega de Panameño en GreenRoots, estudio en la Universidad de California, Santa Barbara, que ofrece un descuento en la matrícula para residentes del estado. Eso le permitió a Alcántara permanecer cerca de su familia inmigrante guatemalteca en Los Ángeles. La identidad guatemalteca es importante para Alcántara, quien tiene sobre su escritorio en GreenRoots un letrero en conmemoración del genocidio de las comunidades indígenas maya en Guatemala.

Para compensar más por el déficit de financiamiento, Alcántara tuvo varios empleos en USCB en sus cinco años de universidad del 2017 al 2022, incluyendo turnos de noche en la biblioteca de la escuela y trabajo virtual durante la pandemia. En cierto momento, su carga de trabajo era casi el equivalente de un empleo de tiempo completo.

“Si hay algo que mis padres siempre me dijeron era que no me endeudara demasiado para ir a la universidad”, dijo Alcántara. “Tuve que sacrificarme — mi bienestar físico y mental — un poco trabajando mucho. Era una monotonía constante — del trabajo, a la escuela, a dormir, luego del trabajo, a la escuela, a dormir. A veces ni dormía”.

Ruth Alcántara se prepara para una reunión virtual en su escritorio en las oficinas de Greenroots en Chelsea, Massachusetts. Foto por Laura Carmen Arena para palabra 

Los latinos que deciden sacar préstamos para la educación universitaria tienen sentimientos encontrados sobre los préstamos. Anna Rosario, hija de padres dominicanos devotos, fue la primera de nueve hermanos que fue a la universidad. Fue a una escuela católica para niñas en el Bronx donde dice que no se le instaba  para que fuera a la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por sus siglas en inglés) que es mucho más asequible. “Probablemente hubiese ofrecido la matrícula más económica”, dijo Rosario. “No fue lo que hice”.

En lugar de ello, Rosario envió una solicitud a Manhattan College, un colegio católico privado de artes liberales en el Bronx. “Lo normal era asistir a una institución privada”, dijo. “Me dejé llevar”.

La matrícula en Manhattan College es de $46,100 para el año académico actual y $23,050 por semestre. CUNY cuesta $6,930 al año para estudios de tiempo completo en el programa universitario de cuatro años ($4,800 para estudiantes de tiempo completo en el programa de colegio comunitario). En un principio, Rosario intentó un semestre a la vez, pero debido a eso se atrasaba a la hora de registrarse para sus clases. Luego, una de sus hermanas comenzó la universidad, ajustando más las finanzas de la familia. “Era muy obvio que era una batalla para mi familia”.


Entre más se enseñe educación financiera general en lugares como secundarias públicas y centros comunitarios, más se beneficiarán las comunidades latinas cuando lleguen a esta etapa de sus vidas.


Su familia obtuvo préstamos privados adicionales para permitirle a Rosario inscribirse a tiempo para sus clases. “Simplemente quería ir a la escuela, no preocuparme por el dinero”, dijo Rosario.

Christopher Rivas lo vivió por experiencia propia. Rivas se crió soñando con ser actor. Para que pudiera costear el Instituto de Artes de California, su padres, escasos de dinero, firmaron conjuntamente sus préstamos estudiantiles por lo que llama “montos masivos”. Mirando atrás “eran personas que no entendían lo que estaban leyendo”, dijo Rivas

Las familias inmigrantes de habla hispana también pueden tener dificultades a la hora de entender los documentos de los préstamos por están llenos de términos financieros desconocidos. Por lo tanto, los expertos recomiendan más educación financiera a nivel de escuela secundaria, elaborada especialmente para comunidades inmigrantes. “Se necesitan programas de alfabetización financiera que estén disponibles para estudiantes latinos y sus familias”, dijo Erica Romero, vicepresidente de abogacía sobre política de educación en Latinos for Education.

Algunos estados han tomado cartas en el asunto. El año pasado, la lista de estados que requieren la educación financiera en el currículo de secundaria aumentó a 14, siendo Michigan el más reciente en hacerlo. “Entre más se enseñe educación financiera general en lugares como secundarias públicas y centros comunitarios, más se beneficiarán las comunidades latinas cuando lleguen a esta etapa de sus vidas”, dijo Piñero de uAspire.

Seis meses después de graduarse del Instituto de Artes de Californias, Rivas tenía que empezar a pagar su préstamo, y la mensualidad era el doble de su alquiler en Los Ángeles. Luego de agotar sus opciones, halló una solución poco convencional — ingresó a un programa de doctorado en la Escuela Europea de Posgrado en Saas-Fee, Suiza, llamado “Artes Expresivas: Terapia, Instrucción, Consultoría, y Educación, Transformación de Conflicto y Construcción de Paz”. Rivas pospuso los pagos de sus préstamos para su licenciatura sacando préstamos para estudios de posgrado del gobierno de Estados Unidos.

Hoy en día, Rivas es un actor, recientemente formando parte del elenco en la serie de televisión Call Me Kat. Todavía está pagando sus préstamos. El pago mensual es más que su alquiler, pero agradece tener los medios para hacerlo.

Rosario, quien se graduó de Manhattan College en 2020, ahora trabaja del otro lado de la mesa como funcionaria de admisiones de la institución. Asesora a los jóvenes en su parroquia local, muchos de los cuales vienen de familias inmigrantes. Le advierte a los estudiantes que no saquen el monto completo del préstamo si solamente necesitan una parte y tienen otras maneras de solventar el balance. Rosario quisiera que las universidades ofrecieran sesiones de ayuda financiera en otros idiomas además del inglés y que proporcionaran documentos traducidos.

“Las habilidades que desarrollé trabajando en admisiones no me ayuda solamente a mí, sino a mi comunidad”, dijo Rosario. “Es todo un proceso, en particular cuando se trata de estudiantes de primera generación o estudiantes minoritarios en general. Trato de ayudar a las familias siempre que puedo”.

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Rich Tenorio es un reportero y editor cuyo trabajo ha sido publicado en varios medios de comunicación Se graduó de Harvard College y de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia. Tenorio también es caricaturista.

Laura Carmen Arena es una escritora y fotógrafa argentina-estadounidense. Sus fotografías han sido publicadas en medios locales e internacionales.  Se especializa en fotografía de documentales y de la naturaleza, además de escribir sobre temas de cultura y del medioambiente. Estudió literatura en la Universidad de Nueva York y artes visuales y narrativa en la Universidad de Harvard.

 
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